domingo, 22 de noviembre de 2009

Papa Noel es símbolo híbrido: mezcla de San Nicolás, obispo de Myra (Turquía, siglo II) y el rey de los duendes (culto germano)




En las zonas andinas, se le asocia con el Ekeko, que trae la abundancia

Disculpen que hiera susceptibilidades... pero papa noel no existió... es una mezcla de símbolos... reciclados de los cultos "paganos"... y eso no es malo... pero las cosas por su nombre...

Los nombres de los tres reyes magos no figuran en la Biblia sino en los apócrifos



Los nombres de Gaspar, Melchor y Baltazar no los van a encontrar en la Biblia sino en los apócrifos de la Natividad.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Este libro se esta vendiendo en la Libreria Zeta...



Se dice que los evangelios apócrifos gnósticos eran enseñanzas secretas que dio Jesús a ciertos discípulos.

martes, 17 de noviembre de 2009

los nombres de los ladrones no estan en la Biblia sino en los apócrifos




El ladrón bueno se llamaba Dimas y el malo, Gestas.

Virgen ascendiendo, escena que no está en la Biblia sino en los apócrifos



Específicamente en los siguientes apócrifos:

- Libro de San Juan Evangelista (el teólogo)
- Libro de Juan, arzobispo de Tesalónica
- Narración del Pseudo José de Arimatea

domingo, 8 de noviembre de 2009

“No puedo probar que…Jesús estuvo casado o que
María Magdalena fue la madre de su hijo…Pero sí
puedo probar que…era una herejía ampliamente creída
en la Edad Media…y que fue violentamente combatida
por la jerarquía de la Iglesia establecida en Roma y que,
pese a esa persecución incesante, la herejía de marras
ha sobrevivido

-Margaret Starbird-
Autora del libro “María esposa de Jesús”




“Hay muchas verdades dentro del cristianismo que no
Es bueno que el vulgo conozca, y hay cosas que son
Falsas, pero que es bueno que el vulgo crea”

-San Agustín-


“Todas las preguntas antiguas, las preguntas originales
Que se debatieron con vigor en los albores del
Cristianismo, han vuelto a plantearse”

-Eliane Pagels-
Profesora de religión de la Universidad de
Princenton y autora de varios libros



“El cristianismo moderno tiene que contar con la
posibilidad que en cualquier momento haya que
rectificar la historia de Jesús”

-Filósofo alemán, Albert Schweiter-
Premio Nobel de la Paz 1952

Los entretelones de Nag Hammadi




En 1945, tres campesinos árabes de Nag Hammadi (Egipto) buscaban fertilizantes cuando hallaron bajo las arenas del desierto, un gran recipiente rojo. Al romperlo encontraron unos cuadernillos amarillentos. Algunos de ellos fueron a parar al fuego. Pero por un problema con la policía que investigaba una venganza familiar que había ocurrido en esos días, se los dieron a guardar al párroco del lugar. La cuestión que a las finales terminaron en el mercado negro y un funcionario egipcio se entera y realiza un operativo para confiscarlos. Sólo logra recuperar doce, pues uno de los libros salió de manera clandestina a Estados Unidos.

Estos manuscritos constan de trece códices de papiro encuadernados en cuero. Contienen 53 textos escritos en copto, idioma que se hablaba en Egipto durante la época de los primeros cristianos. No son originales, son copias hechas por un grupo gnóstico. Datan del siglo III ó IV de nuestra era. No obstante, se estima que los originales se hayan escrito en griego en el siglo II, pues los Padres de la Iglesia ya hablaban de ellos en esa época. Sin embargo, el profesor Helmut Koester de la Universidad de Harvard piensa que algunos son aún más antiguos. Por ejemplo, dice que si bien el Evangelio de Tomás se compiló en el 140 de nuestra era es muy probable que incluya tradiciones que datan de la segunda mitad del siglo I, tiempo en que se cree fueron también escritos los evangelios sinópticos. Entonces, es posible que varios de los evangelios gnósticos sean contemporáneos a los canónicos.

Estos escritos gnósticos fueron escondidos cuando el cristianismo se convirtió en la religión oficial del imperio romano y arrasó con todo lo que era diferente. Doce códices se guardan en el Museo de El Cairo y uno en el Instituto Jung de Zürich.

Hasta el siglo XX se tenía conocimiento de los gnósticos por lo mal que hablaban de ellos los escritores cristianos. Con el descubrimiento de Nag Hammadi cambia todo. Se tuvo documentos gnósticos de primera mano y se pudo leer discursos que hacían fuerte oposición al cristianismo paulista. Mencionemos algunos de los apócrifos encontrados: Evangelio de la Verdad (que cuenta la historia del jardín del Edén desde el punto de vista de la serpiente), Hipóstasis de los Arcontes, el Pensamiento de Norea (que parece un episodio de “Viaje a las Estrellas”), Evangelio de Tomás, Evangelio de Felipe, Evangelio de María, Epístola de Regino, el Libro Secreto de Juan, Evangelio de los Egipcios, Trueno Mente Perfecta, Evangelio de la Sabiduría de Jesucristo, Pistis Sophia, entre otros.

En varios textos se destaca grandemente la figura de María Magdalena. Se la pone como la discípula preferida de Jesús. ¿Qué tenía en especial esa ex-prostituta? Todos lo saben, forma ya parte del imaginario popular: María Magdalena era la compañera, la esposa de Jesús. Y esta aseveración se expresa sin pelos en la lengua en los apócrifos gnósticos. Se dice que en estos escritos se muestra una imagen demasiado extraña del Mesías, como si fuera una entidad abstracta. Es que allí se formula que Jesús es la encarnación del Logos, un aspecto de la divinidad y María Magdalena es la personificación de Sophia, otro aspecto igual de importante de la misma divinidad, la pareja primordial. Así como Jesús llegó a ser un Cristo, Magdalena alcanzó a ser una Sophia. En la mayoría de estos escritos se combate la castidad y se ensalza el matrimonio como el medio principal para alcanzar la santidad. En sus líneas se adivina cierto matiz tantrista. Es decir, el sexo visto como un connubio, donde el principio femenino se une con el masculino para formar una sola gran fuerza.

El oscuro caso de los rollos del Mar Muerto


Todo comenzó cuando en 1947 en Qumrán a orillas del Mar Muerto (Palestina), un pastor buscando a una cabra que se le había perdido, encontró en una cueva unas extrañas ánforas que albergaban dentro unos manuscritos muy antiguos. Estaban enrollados y escritos en hebreo y partes de arameo. A partir de este hallazgo, los arqueólogos han saltado en un pie y se han puesto a trabajar en esa zona durante años. Han tomado fotos de los rollos y los han estudiado. Costó esfuerzo, pues el hebreo antiguo sólo está formado de consonantes mayúsculas. Carece de vocales. O sea, fue un trabajo de titanes, pero se hizo.

Al inicio, los sectores más recalcitrantes vociferaron que los rollos eran falsos. Pero ante el peso de las pruebas se callaron la boca. Las conclusiones a las que llegaron los especialistas fueron que dichos manuscritos habían sido redactados por los esenios, grupo judío de donde los proto-cristianos obtuvieron numerosas costumbres y forma de hablar.

Su antigüedad fluctúa entre 1 a.C. y 1 de nuestra era. ¿Qué contienen estos rollos? Más de 800 escritos, entre escrituras y comentarios del Antiguo Testamento, apócrifos, textos astrológicos, además de libros litúrgicos como: Regla de la Comunidad, Rollo del Templo, Documento de Damasco y el Rollo de Cobre, que se refiere a tesoros ocultos, entre otros más. Todos ellos fueron escondidos para que los romanos no los destruyeran durante la revuelta judía del 66 de nuestra era.

Los rollos están envueltos en un aura de artimañas e intrigas. ¿Será porque la mayoría de los que lo estudian son curas? No se sabe a ciencia cierta cuantos escritos exactamente hay. Algunos se encuentran en el Museo Rockefeller de Jerusalén. Pero no son todos. Están desperdigados por varios sitios. Después de la presión de connotados investigadores laicos, el Vaticano, a regañadientes, ha mostrado a la opinión pública todo los rollos que dizque tiene en su propiedad. Sin embargo, las malas lenguas cuentan que se siguen ocultando rollos. ¿Será cierto

Herejía ortodoxa




Se ha dicho que los apócrifos son todos escritos por herejes malhumorados que estaban reñidos con la Iglesia. No es así. Existen apócrifos muy obedientes de la ortodoxia cristiana, como el Protoevangelio de Santiago, que hasta exagera el dogma de la virginidad de María, llevándolo hasta sus últimas consecuencias: ser virgen post-parto. Supuestamente escrito por Santiago el menor. La mayoría de los apócrifos ortodoxos estaban incorporados inicialmente dentro del canon como Pastor de Hermas, Didaché, Epístola de Bernabé y Hechos de Pablo. Gozaron de gran prestigio en la antigüedad cristiana. Los vemos por ejemplo en el códice Claromontanus del siglo III y en el famoso códice Sinaítico del siglo IV. Inclusive los Padres de la Iglesia recomendaban su lectura. ¿Por qué entonces fueron extraídos si eran tan buenitos? ¿Quizá porque en el fondo no lo eran tanto y sí comprometían ciertas verdades dogmáticas de la doctrina cristiana?

Veamos a continuación los Padres de la Iglesia del siglo III que aceptaban apócrifos como canónicos. Es interesante observar cómo fue cambiando el canon cristiano hasta que se consolidó en el siglo IV.

Apócrifo---------- Padres de la Iglesia
Epístola de Bernabé---------- Orígenes, Clemente de Alejandría
Pastor de Hermas---------- Ireneo, Tertuliano, Orígenes, Clemente de Alejandría
Didaché---------- Orígenes, Clemente de Alejandría
Apocalipsis de Pedro---------- Clemente de Alejandría
Hechos de Pablo--------- Orígenes


Algo en común que poseen los canónicos y los apócrifos es que están de acuerdo en mostrar un Jesús que enseña a las personas el camino de una superación de la miseria humana para acceder a un nivel superior que se identifica como “Reino de los Cielos”, donde ya no existe la muerte y la vida es una gran continuidad.

Los subterráneos

A pesar de las prohibiciones de la Iglesia, los apócrifos prosiguieron existiendo como una corriente subterránea alimentando el arte durante siglos. Las pinturas de la Iglesia Oriental están repletas de alusiones apócrifas. Pero en Occidente también han artistas que leyeron los apócrifos y lo reflejaron en su obra: Fra Angélico, Giotto, Leonardo Da Vinci, Tiziano, William Blake y en la literatura: Dante, Milton, Klopstock y Rainer Marie Rilke. Lo mismo podemos decir de los auto-sacramentales de Calderón de la Barca y de los frescos de la basílica romana de Santa María la Mayor. Y esto sólo es la punta del iceberg. Usted también puede descubrir más. Por ejemplo, en Perú, algunas iglesias muestran imágenes provenientes de los apócrifos. Sólo es necesario tener buen ojo. Es el caso de la Iglesia limeña de San Pedro, donde se observa efigies de los padres de María.

Si bien en el Concilio de Trento (1546) la literatura apócrifa fue casi totalmente catapultada, a partir del siglo XIX renace el interés por estos escritos, al comienzo en forma tímida hasta que aparecieron los descubrimientos arqueológicos de Nag Hammadi y Qumrán y remecieron los cimientos de la cristiandad.

Apócrifos tardíos, viejas tradiciones




Se ha dicho que los apócrifos no poseen valor histórico. Pero eso da risa, pues los canónicos también estarían con el mismo problema. Como ya dijimos antes, para discernir que es historia y que es mito de los apócrifos y canónicos hay que tener criterio y separar la exageración de la verdad. Como dato podemos decir que desde el siglo II los Padres de la Iglesia certificaban la existencia de la literatura apócrifa. Ya existían. Cada vez más especialistas modernos se inclinan a pensar que sí tienen un valor histórico real pues gran parte de estos escritos provendrían de tradiciones orales sumamente antiguas, contemporáneas a Jesús. Incluso se habla de enseñanzas secretas que recibieron los apóstoles y que las plasmaron ellos mismos o sus estudiantes en escritos posteriormente.

Best-sellers subversivos


Se ha dicho que sólo los escritos canónicos eran leídos, y por ello prevalecieron en el tiempo e ingresaron al canon. Mientras que los apócrifos, como nadie los leía, cayeron en desuso. Falso. A pesar que los cristianos paulistas tenían el prurito de destruir sistemáticamente a los apócrifos, se hacían copias nuevas de éstos que volvían a circular por lo bajo, teniendo una enorme aceptación en los primeros siglos del cristianismo. ¿Qué pruebas hay de eso? ¿Saben lo que es el Decretum Gelasianum? Era una lista de libros apócrifos vetados que la Iglesia se esforzó por difundir en el siglo IV y que ha sobrevivido hasta nuestra época. Nos preguntamos, si no eran leídos, ¿por qué se dieron el trabajo de prohibirlos? Como detalle de interés, sepa usted que el Decretum Gelasianum sirvió de inspiración al Santo Oficio para elaborar luego el tristemente célebre Index, que eran libros prohibidos por la Iglesia, porque les dio la gana, donde estuvieron grandes obras del pensamiento “pecaminosas” como los libros de Federico García Lorca, Pablo Neruda, Jean-Paul Sartre, Ernest Hemingway, para sólo hablar de los modernos y no de Dumas, Victor Hugo, Unamuno, Rosseau, Kant y un largísimo etcétera de siglos y siglos, amén. Vergüenza para la humanidad pensante.

¿Quién escribió la Biblia?

Se ha dicho que los apócrifos son de autores desconocidos. Sin embargo, pensamos que en dicha situación se hallan no sólo los apócrifos sino también los canónicos. La Biblia entera está plagada de identidades falsas. Sinceramente hoy los expertos no pondrían la mano al fuego por ningún escritor bíblico. Ya nadie cree que la Biblia esté escrita por quienes se les atribuye. La verdad es que en general ignoramos quienes pudieron ser los autores reales de los libros de la Biblia. Sólo existen indicios, pistas, no certezas.

No sabemos a ciencia cierta quienes fueron los autores de los evangelios canónicos. Hay teorías que afirman que Marcos, Mateo, Lucas y Juan no fueron personas sino grupos. De allí, que las narraciones den saltos incongruentes. ¿Quién escribió en realidad las cartas atribuidas supuestamente a Pablo? La epístola de Hebreos posiblemente lo escribió algún obispo. Pero eso no es nada. Numerosos especialistas defienden la idea de que el supuesto Mateo teniendo a la mano el escrito del auténtico Mateo, lo combinó con historias persas y egipcias y obtuvo como producto final el llamado “Evangelio de Mateo”.

Si esto sucedió con Mateo, imagínense que habrá ocurrido con los demás evangelios. Tal como dijimos antes, no han sobrevivido originales de la Biblia, ni del Antiguo Testamento ni del Nuevo Testamento. Por tanto, no hay escritos autógrafos, firmados por la propia mano del autor. No hay rúbricas. No existen. Todos los escritos que hay ahora son copias relativamente antiguas algunas, pero copias al fin. Incluso el tan mentado Textus Receptus, que es simplemente un collage de un montón de copias desperdigadas de diferentes tiempos. O sea, una mezcolanza.

¿Quién escribió los apócrifos?

Del mismo modo sucede con los apócrifos: no sabemos quien en verdad escribió el evangelio de Tomás o el de María. Era una costumbre muy común adjudicar un escrito a un apóstol. Eso le concedía mayor pedigree al texto. Por eso, a los apócrifos se les llama “pseudoepígrafes”. Pero, ¡qué tal raza!, el término se emplea exclusivamente a los apócrifos, como si los canónicos no tuvieran el mismo problema. Lo más probable es que los autores de los apócrifos y canónicos fueran personas N.N. que no hicieron otra cosa que plasmar por escrito lo que les contaron: la abundante tradición oral que existía en su tiempo sobre la vida de Jesús.

No hay originales de la Biblia





Los apócrifos que han llegado hasta nuestros días son reproducciones hechas en tiempos disímiles. Solamente se han conservado copias, igual que los canónicos. Cuando en una Biblia dice “traducción teniendo a la vista los textos originales”, se está haciendo referencia a copias relativamente antiguas. Nada más. Téngase bien claro, no existen originales de la Biblia, ni canónicos ni apócrifos. Todos se han perdido. Sólo existen pedacitos de papiros dispersos del Nuevo Testamento. Todos estos fragmentos son después del año 200. Antes no hay nada de nada. Mencionemos algunos de los trozos de papiro supuestamente del año 200 (ojo: pueden ser más recientes, pero no más viejos, y quien sabe si en lugar de ser copias, sean en verdad los originales. Eso implicaría que la Biblia se escribió más tarde de lo que se pensaba.

Extractos de papiros bíblicos encontrados:

• P52: Contiene el versículo 18:31 del evangelio de Juan. Encontrado en Egipto.
• P64, P67 y P77: Son versículos de Mateo.
• P66: Algunos versículos de Juan.
• P75: Evangelio de Juan y algo del de Lucas.
• P32 y P46: Epístolas de Pablo
• P98: Algo del Apocalipsis.
• Pergamino 0189: Fragmentos de Hechos.
• P45, P46 y P47: (papiros Chester Beatty) Por primera se encuentra Hechos y las Cartas de Pablo juntos con partes de los cuatro evangelios. Data del año 300.

A partir del siglo III, proliferan las copias sueltas de los 27 textos neotestamentarios. Pero las versiones casi completas más antiguas que han sobrevivido del Nuevo Testamento pertenecen al siglo IV (¡y contienen apócrifos que los sacaron!) son el códice Sinaítico y el códice Vaticano, que están cuidados como oro en el Museo Británico y el Museo Vaticano respectivamente.

Soporte material


La arqueología bíblica ha encontrado copias en papiro, pergaminos y en códices. ¿Cuál es la diferencia? El papiro son hojas de la planta papiro engomadas. Son muy frágiles. En cambio, el pergamino es más resistente porque está hecho de cuero. Cuando los papiros o pergaminos se enrollaban se denominan “rollos”. Se dice que éstos manchaban las manos por la tinta que botaban. Cuando los escritos se cosían en forma de libros encuadernados (ya sean papiros o pergaminos) se les llamaba “códices” (codex). Los escritos de la Biblia se empezaron a juntar primero en rollos y luego en códices.

Versiones y tensiones

Los apócrifos y los canónicos neotestamentarios están escritos en griego popular (koiné), que era el idioma comercial de la época, como decir el inglés ahora. También hay inserciones en arameo, la lengua que hablaba Jesús (dialecto regional hebreo de ese tiempo). Más adelante, los apócrifos fueron traducidos al latín y luego a idiomas orientales como el copto (egipcio cristiano), siríaco (que se parece al arameo), etíope, armenio, árabe y eslavo. Circularon clandestinamente por toda la Edad Media. ¿Por qué? Los apócrifos al no estar dentro del canon (que fue un canon cambiante durante siglos, ojo), se traducían más rápidamente a las lenguas vernáculas sin tanto protocolo.

Paradójicamente, las copias orientales de los apócrifos por ser informales y subrepticias, sobrevivieron a la monstruosidad negra de la Inquisición. Y hoy son las copias apócrifas más fieles y menos censuradas que tenemos, puesto que tuvieron menos roce con la Iglesia Católica Apostólica y Romana. Aquí hay que hacer una salvedad. Las traducciones orientales apócrifas por el hecho de estar más libres y sin el corset del status quo católico, se contaminaron con las leyendas y tradiciones propias del lugar. Esa es la razón por la que muchos apócrifos parecen extraídos de las páginas de “Las Mil y una Noche”. Eso no quiere decir que no tengan un fondo de verdad.

¿Sabía usted que las Biblias orientales incluyen apócrifos prohibidos por la Iglesia Católica? Los cánones bíblicos difieren según la Iglesia que sean: católica, protestante, griega, copta, nestoriana, armenia o etíope. Así, en la Bíblia armenia encontramos Corintios 3, en la copta a Clemente 1 y 2, en la etíope hayamos agregado el famoso Libro de Enoc, entre otros más. ¿Por qué la Iglesia católica no incorpora esos apócrifos en su Biblia como lo hace la Oriental? ¿Les faltan cojones?

¿Cuál fue su base de datos?

¿De donde obtuvieron los escritores bíblicos la información para hacer sus libros? ¿Del Espíritu Santo? Ya, pero eso es una metáfora, ¿no es cierto?, porque no creo que una paloma de verdad se ponga a hablar en el oído de nadie, aunque todo puede suceder en el mundo mágico de la Biblia. Fuera de bromas. ¿Cómo se crearon los evangelios? Después que murió Jesús, sus discípulos se pusieron a contar su historia. Eran testigos presenciales. Así, de boca en boca, trasmitidas oralmente empezaron a conservarse y enriquecerse las tradiciones sobre un Mesías que hacía maravillas. Al pasar el tiempo, se dieron cuenta que mejor era dejar por escrito esas maravillas para que no fueran olvidadas y pasaran así a la posteridad (Lucas 1:1-4).

Entonces se elaboró una lista esquemática de los hechos, milagros y frases de Jesús, pero sin hilo conductor. Sólo una colección de logias (dichos) sueltas sin atar cabos. Así han deducido los estudiosos la existencia de la Fuente Q (de quelle que significa “fuente” en alemán), también denominada “Logia”. Se piensa que los escritores de Marcos (¿por qué pensar que fue un solo escritor?) se basaron en esta fuente. Luego Mateo y Lucas tomaron de Marcos porque se han hallado incontables hechos en común entre ellos. De 662 versículos de Marcos, 406 son comunes a Mateo y Lucas. Esa es la razón que a Mateo, Marcos y Lucas se les conozca como los “evangelios sinópticos”. Parece que Juan bebió de otra fuente, que los expertos han bautizado con el nombre de “Evangelio de los Signos”. El historiador cristiano Eusebio de Cesárea habla una “Logia” que se perdió. Algunos creen que esa logia perdida (fuente Q) es el Evangelio de Tomás.

De otro lado, paralela a la fuente escrita, siguieron circulando las tradiciones orales sobre el Nazareno y recién en siglos posteriores se plasmaron en formato escrito. Existieron tradiciones sobre Jesús de viva voce, más allá de las Escrituras. A pesar de la oposición de la sóla scriptura, movimiento que propugnaba que sólo lo que estaba en la Biblia era verdadero. Las tradiciones orales tardías serían el origen indudable de muchos apócrifos. La discusión continúa hasta nuestros días.

¿Son invenciones los milagros?




Se ha dicho también que los apócrifos son fantasiosos, sin embargo, ¿no suena a fábula que una mujer siga siendo virgen después de un parto? ¿Qué diantres estaba pensando el escritor cuando escribió eso? Pero perdón, es un dogma de fe, hay que creerlo ciegamente. ¿Me iré al infierno por haber preguntado? Citemos más fantasías que a fuerza de la costumbre ya no las vemos tan alucinadas:

• Caminar sobre las aguas
• Convertir el agua en vino
• Transformarse en un ser luminoso
• Curar ciegos untando en sus ojos lodo con saliva
• Multiplicar panes y peces, alimentando a cuatro mil personas
• Tirar espíritus malignos a los cerdos
• Sanar enfermos incurables
• Resucitar muertos y más aún, resucitarse a sí mismo
• Ascender a los cielos

Intérpretes, no biógrafos

Se ha dicho que los apócrifos son exagerados y delirantes. Y sí, lo son. El narrador engrandecía ciertos hechos para así otorgarles la debida importancia que para él poseía. No olvidemos que los apócrifos, al igual que los canónicos eran en el fondo instrumentos de propaganda de sectas para difundir su sistema de creencias.

Por consiguiente, hay que agarrar con pinzas las escrituras canónicas y apócrifas. No se debe tomarlas al pie de la letra. Hay que saber interpretarlas y pensar como lo hacían en el tiempo en que fueron escritas. Por ejemplo, cuando se habla de “demonios” que Jesús sacaba del cuerpo, ¿no estaría refiriéndose a enfermedades o prejuicios sociales? Innumerable información de la Biblia está escrita en clave metafórica. Pero, con un poco de paciencia es posible penetrar en el denso bosque del simbolismo bíblico y encontrar el sustrato histórico.

¿Palabra de Dios o palabras humanas?


En los apócrifos y canónicos se entretejen dos niveles: el del mito y el de la historia. Es importante saber discernir con criterio cuando se habla de uno y cuando de la otra. Pero para eso primero hay que curarse de la dogmatitis crónica. Detrás del mito de Jesucristo, se halla un hombre extraordinario, pero hombre al fin. “Mito” quiere decir “palabra”. Recién con Herodoto empezó a significar “falsedad”. Los mitos en realidad son una memoria muy antigua, sintetizada en símbolos. Con el paso del tiempo se les ha ido agregando adornos. Pero a pesar de todo el conglomerado de interpretaciones adicionales, suelen guardar en lo profundo el recuerdo de viejísimos hechos auténticos.

La realidad tras la leyenda

Veamos un caso que se ha confirmado arqueológicamente: El escritor de Hechos (19:27) se refiere al templo de Artemisa en Efeso (Asia Menor), y efectivamente fue descubierto en 180310. Un ejemplo extrabíblico de que el mito alberga una semilla de verdad, lo constituye el explorador alemán Heinrich Schliemann que descubrió Troya en el siglo XIX solamente sabiendo interpretar la Iliada. En numerosas ocasiones, la tradición se reviste de leyenda para ocultarse del poder y sólo hay que saber leer entre líneas para hallar la verdad. Por algo la palabra “inteligencia” significa justamente “leer entre líneas”.

La edad de los apócrifos

Se ha dicho que los apócrifos son posteriores a los canónicos. Falso, tienen diferentes datas. No se pueden poner todos en el mismo costal. Algunos de los apócrifos son tardíos, si es verdad, pues corresponden al siglo VI, habiendo copias de hasta el siglo XIII en lenguas vernáculas. Sin embargo, otros circulaban ya en el siglo II (como los de Nag Hammadi) y por ello hoy tienen todo el derecho a ser estudiados en el mismo nivel que los canónicos y ser incluidos en la Biblia como testimonio de la vida de Jesús. Incluso algunos expertos hablan de apócrifos neotestamentarios del siglo I como el Evangelio de Tomás.

Romper los esquemas




¿Qué se ha dicho sobre los apócrifos? De todo. Por ejemplo, que son tan falsos como un billete de quince dólares. Pero, nos preguntamos, ¿por qué dicen que son falsos? ¿Qué razones hay para afirmar ese dictamen tan seguro? ¿Acaso el hecho que no estén dentro de la Biblia, garantiza que sean falsos? Es obvio que los apócrifos desagradan a la Iglesia. Son como una piedra en el zapato. Durante siglos los curas los han quemado, pero a veces una copia se les escapaba y ha logrado llegar hasta nuestros días. ¿Por qué los apócrifos desagradan? ¿Son peligrosos?

Primero que todo, gran cantidad de ellos invita a un proceso de exploración propia y no simplemente a repetir una recua de dogmas que nos han metido en los sesos. Igual que un koan budista: saca de plano. Hace pensar por sí mismo y empezar a cuestionar una cosa que parecía eternamente pétrea e inamovible. Pero se mueve, ya lo decía Galileo. A pesar de todo.

Por ejemplo, los evangelios gnósticos hacen cambiar la dirección de la mirada. No hacia fuera, sino hacia dentro. ¿Qué opina la santa zapatilla sobre el versículo tres del evangelio de Tomás? Que importa. Lo que vale es la interpretación de uno mismo. ¿Qué sensación, qué pensamiento le suscita? Es más. Los evangelios gnósticos hablan de una verdad escondida frente a nuestras narices. Una matrix. Y hay un observador que lo sabe, el yo sagrado que está dentro de nosotros, llamado maestro interno (que los orientales dicen que es la intuición). Está adentro, no afuera. Es allí donde hay que buscar a Dios, dicen estos evangelios. Obviamente, eso no agradaba demasiado a los curas, pues entonces ellos perdían su función de mediadores. Por eso, todo contacto con las realidades espirituales debía pasar por la supervisión de la Iglesia. De allí que la revelación vivencial íntima y profunda ha sido siempre mirada con desconfianza por el establishment católico. Cualquiera puede tener inspiraciones místicas. Es algo libre. Una experiencia propia e intransferible.

Un Jesús controvertido

Se ha dicho que los apócrifos son sospechosos. Me imagino que para la ortodoxia lo son porque estos escritos impugnados muestran una imagen de Jesús que difiere de los canónicos. Humanizar a Jesús no lo desacredita, sino que lo enriquece. Lo hace más coherente. Por ejemplo, en los apócrifos se muestra a Jesús como un ser humano de carne y hueso: fue un niño caprichoso, poseía hermanos, su madre se casó jovencita con un anciano, su familia perteneció a una clase social acomodada, se casó, su mujer no era judía sino una cananea rica con mucho poder entre los apóstoles. Y sobre todo que Jesús jamás identificó al mal con la mujer. Estos son sólo algunos datos “sospechosos”. Lo cierto es que numerosos escritos apócrifos se entretejen a las mil maravillas con los textos canónicos. Lo que uno no lo dice, lo dice el otro y viceversa. Los apócrifos complementan y llenan vacíos del rompecabezas bíblico.

Los conejos del sombrero

Sin embargo, se ha dicho que los apócrifos son imaginación popular, escritos por cualquier hijo de vecino de la época para imitar las escrituras canónicas llenando las lagunas de la historia de Jesús (porque hay varias, no pueden negarlo). Pero nos preguntamos, si esto fuera así, ¿por qué la Iglesia extrae información de los apócrifos y la divulga en su catequesis, si esta información no es confiable? Me hace recordar a un mago que saca conejos del sombrero, pero nadie sabe de donde vienen esos animalitos. Enumeremos algunos conejos:

• La lucha de Miguel y Luzbel
• Los nombres y los deberes de los siete arcángeles
• La idea de que los demonios son ángeles caídos
• La vara de José que floreció
• Los primeros pasos de María
• Los nombres de los Reyes Magos
• La cueva donde nació el niño Jesús
• El buey y el asno presentes en el nacimiento de Jesús
• El paño de la Verónica con el rostro del Mesías
• La asunción de María
• Los nombres de los ladrones crucificados
• El nombre de la esposa de Pilatos
• El nombre del soldado que le clavó una lanza a Jesús en la cruz

Hay más libros sagrados


En cuanto a los apócrifos del Nuevo Testamento, existen aproximadamente cien que se conocen, entre alusiones de los Padres de la Iglesia, fragmentos de papiros y libros enteros. Citemos algunos de ellos:

Protoevangelio de Santiago---------- Evangelio de los Egipcios
Evangelio del Pseudo Mateo---------- Evangelio de la Verdad
Libro sobre la Natividad de María---------- Evangelio de María
Epístola de Eugnostos---------- Hechos de los Hebreos
Evangelio del Pseudo Tomás---------- Hechos de Pedro
Evangelio de Marción o Apostolikon---------- Hipóstasis de los Arcontes
Evangelio Árabe de la Infancia---------- La Hija de Pedro
Historia de José el Carpintero---------- Evangelio de Bernabé
Evangelio Armenio de la Infancia---------- Apocalipsis de Pablo
Evangelio de Pedro---------- Ascensión de Santiago
Evangelio de Nicodemo---------- Evangelio de Judas Iscariote
Correspondencia de Tiberio y Pilatos---------- El Libro Secreto de Juan
Trueno, Mente Perfecta---------- Hechos de Andrés
Declaración de José de Arimatea---------- Evangelio de Matías
Preguntas de María---------- El pastor de Hermas
Muerte de Pilatos---------- Hechos de Tecla y Pablo
Venganza del Salvador---------- Revelaciones de Esteban
Evangelio de Bartolomé---------- Evangelio de Valentín o Pistis Sophia
Libro de San Juan Evangelista---------- Evangelio de los Hebreos
Libro de Juan (arzobispo de Tesalónica)---------- Evangelio de los Doce
Correspondencia entre Jesús y Abgaro---------- Los Milagros de Jesús
Carta del domingo---------- Evangelio de Gamaliel
Evangelio de Tomás---------- Ágrafa de Jesús
Evangelio de Felipe--------- etc.

Los inspirados y los no tanto



Es un error pensar que la Biblia es un bloque compacto
, donde todos sus libros estuvieron juntos desde el comienzo. En realidad los expertos dividen a las escrituras bíblicas en tres bloques: protocanónicos, deuterocanónicos y apócrifos.

Los protocanónicos son todos los escritos que ni los judíos ni los cristianos en sus diferentes sectas, discuten su “autenticidad”. Todos están de acuerdo en llamarlos “revelados” o “inspirados”. Los protocanónicos del Antiguo Testamento son:

Génesis---------- Isaías
Éxodo----------Jeremías
Levítico---------- Ezequiel
Números---------- Daniel
Deuteronomio---------- Lamentaciones
Josué---------- Oseas
Jueces---------- Joel
Rut---------- Amos
1 y 2 Reyes---------- Abdías
1 y 2 Crónicas---------- Jonás
Nehemías---------- Miqueas
Esdras---------- Nahum
Ester---------- Habacuc
Job---------- Sofonías
Salmos---------- Ageo
Proverbios---------- Zacarías
Cantar de los Cantares---------- Malaquías
1 y 2 Samuel

Los del Nuevo Testamento:

Mateo---------- Juan
Marcos---------- Hechos de los apóstoles
Lucas---------- 14 epístolas de Pablo

Los deuterocanónicos, en cambio, son escritos que nunca han sido reconocidos por los rabinos y tardaron en ser incorporados al canon católico, siendo por largo tiempo sometidos a discusión. Los protestantes no los toman en cuenta y acusan a los católicos de haber añadido libros apócrifos a la Biblia. Y viceversa, hay recriminación por el otro lado. Aquí no hay consenso. Son polémicos, la manzana de la discordia.

Tobías---------- Sabiduría
Judit---------- Baruc
1 y 2 Macabeos---------- Fragmentos de Ester
Eclesiastés---------- Fragmentos de Daniel

Los del Nuevo Testamento:

Epístola de Hebreos---------- Epístola de Santiago
Epístola 2 de Pedro---------- Epístola de Judas
Epístola 2 y 3 de Juan---------- Apocalipsis de Juan

Cabe preguntarse, ¿por qué la Iglesia católica incluye en su canon a algunos apócrifos y a otros no?

Las historias perdidas de la Biblia

Hablemos ahora de los apócrifos. Éstos tienen múltiples nombres según el caso: pseudoepígrafes, literatura intertestamentaria, libros extracanónicos, etc. Han recibido durante siglos innumerables epítetos: desde blasfemias, bastardos, locuras y calumnias hasta basura. Existen apócrifos del Antiguo y Nuevo Testamento.

El término “apócrifo” se refería a escritos de uso privado de una secta. Pero de ser considerados “ocultos” pasaron a ser “sospechosos de herejía” para finalmente significar “falsos”. Han sido excluidos del canon bíblico por no considerarse “inspirados”. Los pertenecientes al Antiguo Testamento son alrededor de cien, pero muchos de ellos han desaparecido (gracias al hobby piromaniaco eclesiástico o simplemente se han perdido) y sólo han quedado menciones de los padres de la Iglesia. Estos son algunos apócrifos judíos:

Eupolemo---------- Interdicción de Salomón
Artapano---------- 3 y 4 Macabeos
Pseudo-Hecateo---------- El libro de Adán
La Carta de Aristeas---------- El Libro de Enoc
Martirio de Isaías---------- El Libro Secreto de Enoc
Oráculos Sibilinos---------- El Libro de los Patriarcas
Apocalipsis de Baruc---------- El Libro de Abraham
Vida de Adán y Eva---------- La Oración de José
Testamento de los Doce Patriarcas---------- El Libro de Eldad y Modad
Paralipómenos de Jeremías---------- El Testamento de Moisés
La Muerte de los Profetas---------- Los Salmos de Salomón
La Séptima Visión de Daniel---------- El Apocalipsis de Alías
Los Misterios de Elías---------- La Visión de Isaías
El Testamento de Adán---------- El Apocalipsis de Sofonías
Jubileos o Leptogénesis---------- El Apocalipsis de Zacarías
El Libro de Lamec---------- El Apocalipsis de Esdras
El libro del Gigante Ogías---------- La Asunción de Moisés
Penitencia de Jamne y Mambre---------- Etc.

¿Cuándo fueron escritos los apócrifos del Antiguo Testamento? Diferentes épocas. Algunos de ellos, al igual que los deuterocanónicos se redactaron durante la invasión helena a Palestina (dinastía seléucida, 200 a.C.). Es decir, fueron escritos en el lapso entre el final del Antiguo Testamento y el Nuevo. (entre el siglo II. a.C. al I de nuestra era). Por eso, se les llamó intertestamentarios. Como tienen influencia griega, no les gusta a los rabinos.

María es la Diosa



Aquí hay que hacer una salvedad. Uno de los rasgos característicos del cristianismo paulista es un brutal desprecio por lo femenino. En la antigüedad existieron grupos cristianos liderados por mujeres, pero fueron tachados de herejes y enterrados en el olvido. Como fue el caso de María Magdalena y también el de los coliridianos, marcosianos y osaenos. La Iglesia primitiva tuvo sacerdotisas y obispos mujeres que oficiaban misas, pero en el siglo V se cortó el acceso a ese nivel. Las dejaron solamente como sirvientas.

La mayoría de los Padres de la Iglesia odiaban al sexo femenino
. Imagínense que para Tertuliano, las mujeres eran la puerta del diablo, comenzando por Eva. Y San Agustín después de haber gozado con un montón de mujeres de su tiempo, dijo muy descarado:

“nada hay tan poderoso para envilecer el espíritu de un hombre como las caricias de una mujer”.


La mujer era el mal. Por eso, no es casual que la Iglesia las haya excluido del sacerdocio, ni tampoco es raro que la Inquisición promoviera la pavorosa caza de brujas, entre el siglo XVI y XVII, donde murieron miles de féminas gratuitamente. Por odios y envidias miserables. Muchas de ellas sólo eran herbolarias y parteras que le hacían la competencia a la medicina patriarcal.

Igualmente, se excluyó lo Sagrado Femenino en la Santa Trinidad, máximo paradigma de la cristiandad establecido en el I Concilio de Nicea. Lo normal sería que hubiera un padre, una madre y un hijo, pero no, borraron del mapa a la madre y la convirtieron en una paloma. Sin embargo, después se dieron cuenta del error garrafal que habían cometido y aunque ya no podían poner a la madre de Jesús en la Trinidad le otorgaron el rango de “Madre de Dios” (Teothokos en griego). Pero, ¿qué enredo es ese?, eso de ser madre del padre y del hijo a la vez. ¿Perversiones de alto nivel? Ni Madona.

Poner a María como mamá del Dios hacedor del universo fue una estrategia muy bien pensada. De esta forma, el cristianismo absorbía el culto de las diosas paganas que hasta ese entonces no había podido erradicar, ya que a escondidas la gente seguía venerando estatuillas femeninas no cristianas. Por eso, se promociona a María al puesto de la “Gran Madre” para rivalizar al mismo nivel con las diosas paganas. Y ganó el culto mariano. Llegó a reemplazar a las otras diosas en la mente de la gente. Pero no cabe duda que María es la continuación del culto a Isis, Astarté, Ashera, Ishtar, Artemisa, Démeter, etc. Son los cultos antiguos a la Diosa. Es el mismo arquetipo que ha permanecido a lo largo de milenios: la madre amorosa, seno fecundo de donde todo nace, fructifica y se deshace para después volver a emerger. Sin embargo, la sensación que se tiene al ver la imagen de la María católica es que es frígida, pasiva y sufrida. Como si su naturaleza salvaje y su fuerza hubiera sido extirpada de raíz.

En Perú también se observan residuos del culto a la Diosa en las vírgenes locales de la religiosidad popular, quienes hacen referencia a las mamachas de cultos pre-hispánicos que representan a la Pachamama (Gaia).

La Iglesia confundió ternura con sumisión

Si bien la Santa Trinidad desacralizó el principio femenino, en realidad éste quedo escondido tras bambalinas para los conocedores. Así, el símbolo del triángulo de la Trinidad está ligado secretamente a las diosas de los cultos antiguos. La paloma es el animal totémico de Venus. ¿Acaso el eterno femenino se había camuflado en el Espíritu Santo? Los judíos llaman a éste con la palabra ruah que tiene género femenino, es decir, sería “Espíritu Santa”. En el Evangelio de los Hebreos, Jesús llama a su madre Espíritu Santa.

Otras tradiciones un poco más osadas, han querido ver en el ojo que está dentro del triángulo de la Santa Trinidad (símbolo masónico por excelencia) una vagina, la cual ha sido hasta ahora la puerta a este mundo. Sea cierto o no, es indudable que los símbolos con su poderosa carga tienen incontables lecturas pues emergen de la profundidades del imaginario colectivo y sus significados pueden esconderse de los ojos vigilantes de los inquisidores y burlar la misoginia más soterrada, agria y visceral.

Sin embargo, esa misoginia no se encuentra en muchas fuentes apócrifas. Por ejemplo, el apócrifo gnóstico Trueno, mente perfecta hallado en Nag Hammadi, se ofrece un hermoso poema donde la Diosa habla por sí misma:

“…Soy la primera y la última
Soy la honrada y la menospreciada
Soy la puta y la santa
Soy la esposa y al virgen…
Soy la estéril,
Y muchos son mis hijos…
Soy el silencio inabordable…
Y soy el sonido de mi nombre”

Como afirma hoy Matthew Fox“, en este momento histórico, Dios es más madre que padre, porque la parte femenina es la parte más postergada y es importante volver al originario equilibrio de géneros”.

¿Era Jesús homosexual?

En realidad la Biblia es un frankenstein hecho de malas traducciones, múltiples agregados, contradicciones e infinidad de cortes. Mismo teléfono malogrado. Especialmente el Nuevo Testamento. Para muestra un botón. Contemos el caso de la carta escrita por el obispo Clemente de Alejandría a un tal Teodoro (fines del siglo II). En 1958, el profesor Morton Smith de la Universidad de Columbia descubrió en un monasterio cercano a Jerusalén una carta que contenía un fragmento desaparecido del evangelio de Marcos. El pedazo ausente no se había perdido, sino que, refiere el documento, se había suprimido deliberadamente por orden expresa de Clemente para que los carpocracianos “no hagan mal uso de él”. Aquí el párrafo prohibido que se encuentra en la carta:

“Y entran en Betania, y cierta mujer, cuyo hermano había muerto, estaba allí. Y acercándose, se postró ante Jesús y le dice: Hijo de David, ten piedad de mí. Mas los discípulos le regañaron. Y Jesús, enojado se marchó con ella al jardín donde estaba la tumba y enseguida de la tumba surgió un grito. Y acercándose, Jesús apartó la piedra de la puerta de la tumba. Y enseguida, entrando en el lugar donde estaba el joven, extendió la mano y lo levantó, cogiéndole la mano. Pero el joven, alzando los ojos hacia él, le amó y comenzó a rogarle diciéndole que quería estar con él. Y saliendo de la tumba, entraron en la casa del joven, pues era rico. Y después de seis días, Jesús le dijo lo que debía hacer y por la noche se acerca a él, llevando un paño de lino sobre (el cuerpo) desnudo. Y se quedó con él aquella noche, pues Jesús le enseñó el misterio del reino de Dios. Y levantándose de allí, regresó al otro lado del Jordán”.

Según la epístola mencionada, este episodio no aparece en ninguna de las versiones del evangelio de Marcos oficial, pero sí figuraba inicialmente. Tal vez el lector moderno estaría tentado de ver en este párrafo una insinuación a la homosexualidad. Sin embargo, para el profesor Smith esta escena es una típica ceremonia de iniciación de una escuela de misterios: una muerte y un renacimiento simbólicos. Un rito muy común en Oriente de esos tiempos.

Si el evangelio de Marcos sufrió alteraciones, ¿por qué no pensar que en los demás evangelios también sucedió lo mismo?

viernes, 6 de noviembre de 2009

Historia non sancta





“En un principio los cristianos eran pocos y sostenían una sola doctrina, pero cuando llegaron a ser muchos se dividieron en numerosas facciones, cada una con su pretensión de tener su propio territorio. Hoy están enfrentados unos con otros y a lo sumo lo único que tienen en común es el nombre a que se aferran, aunque de lo demás están divididos en varias sectas”
-Celso, siglo II-

“Los cristianos deben distinguir entre Jesús y Pablo”.
-Teólogo americano MATTHEWS FOX de la Orden de los dominicos, desde 1988 el Vaticano le ha prohibido enseñar y escribir-




Roma era el imperio. El centro del mundo. En torno a él giraban todas las colonias. Palestina era una de ellas. Sojuzgada, siempre descontenta, problemática, en ebullición constante. Repleta de sectas e ideas contradictorias que el imperio aceptaba con indiferencia y desdén. Sin embargo, los judíos acariciaban en secreto una ilusión: la llegada de un salvador que los liberara del yugo romano. De allí que las calles de Jerusalén estaban llenas de profetas, salvadores, mesías, elegidos y chiflados que hablaban de los nuevos tiempos que estaban por venir. Había muchos, pero sólo llegó hasta el final y cambió la historia de un solo tajo. Su nombre Yeshua Ben Mariam.

Pero, ¿por qué creemos lo que creemos?, ¿es el Jesús que nos ha vendido la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, el verdadero? ¿Es la Biblia la única referencia que tenemos de él? ¿No existen otros escritos antiguos? Claro que existen. Por ejemplo, los llamados “apócrifos”. Durante siglos la Iglesia ha impugnado esta fuente, considerándola falsa. ¿Son realmente falsos? Y si no lo fueran, ¿por qué no figuran en la Biblia? Objetivamente, ¿qué son los evangelios apócrifos? Si queremos saberlo, tendremos que remontarnos unos veinte siglos atrás y sumergirnos en las aguas profundas de la historia.

El cristianismo en sus inicios fue un movimiento judío, amplio, variado, amorfo, tipo New Age, donde existían mil vertientes que diferían entre sí. Cada una estaba organizada a su manera. Si volveríamos en la máquina del tiempo a la Palestina del siglo I, veríamos que lo que nosotros denominamos hoy como “cristianismo” era en realidad un conglomerado de sectas que pugnaban entre sí, cada una con sus propios libros sagrados y sus propios predicadores. Al final, el grupo se asoció con el poder de Roma fue el grupo que prevaleció frente a los demás, imponiendo su producción literaria a la fuerza. Como sostiene el estudioso bíblico Peter Flint, “sin la Iglesia tendríamos gran cantidad de libros. Con la Iglesia sólo tenemos la Biblia”. Así fueron las cosas, señoras y señores.

Santiago fue el primer líder cristiano

El primer conflicto que se dio en el cristianismo fue entre los mismos apóstoles. Había dos facciones bien claras: la judía y la griega, que coexistían a regañadientes pues poseían costumbres distintas. Fue así como comenzaron a surgir marginaciones y roces entre ellos (Hechos 6:1).

Y el malestar fue creciendo (1 Corintios 1:10-12)

El primer bando liderado por Santiago y Pedro, abogaba por la continuación de todas las tradiciones hebreas instituidas por Moisés. Mientras que el otro lado, defendido a capa y espada por Pablo, afirmaba que muchas de las costumbres judías como la circuncisión, comer sólo carne kosher y reposar el sábado, eran innecesarias para los gentiles (los no judíos) que se hacían cristianos. Para llegar a un acuerdo entre ambos bandos, se realizó el primer concilio de la historia: el concilio de Jerusalén (Hechos 15:1-35).

Santiago el menor, también llamado “el justo”, era judío hasta el tuétano. Se decía de él que de tanto rezar, le salieron rodillas de camello. El historiador judío Flavio Josefo en sus “Antigüedades Judías” lo menciona como hermano de Jesús y como principal cabecilla del movimiento cristiano de esa época. Pedro quedaba opacado frente a él. Con esto podemos deducir que durante un buen tiempo la facción de santiago resultó ser la más popular y poderosa de Judea. Este bando mostraba a Jesús como un profeta especial, como el mesías enviado, pero carente del aura divina que poco a poco le fueron imprimiendo los helenistas como Pablo.

Después de múltiples reyertas y luchas por la supremacía, fue ganando terreno la facción de Pablo. Pedro que era medio comodín, terminó yéndose para su lado. De esta forma, las ideas de Pablo se convirtieron en los lineamientos oficiales de la cristiandad para los próximos dos mil años. Veamos el perfil de este señor.

El marketing según Pablo






¿Cómo era físicamente? El apócrifo Hechos de Pablo y de Tecla nos ofrece un retrato robot: “…hombre de pequeña estatura, calvo, de piernas arqueadas, buen estado de salud, cejas juntas y pobladas, nariz pequeña…”



Ahora enumeremos los rasgos de su personalidad:

• Maestro de la ley hebrea, fariseo, culto, preparado, astuto y hacía gala de una gran labia, por consecuencia, su prédica resultaba muy convincente. Era un sujeto de poder e influencia. Poseía ciudadanía romana, lo que le salvó el pellejo en más de una oportunidad. Gran viajero.
Era un buen artesano como muchos fariseos de su época. Cosía tiendas de pelo de cabra, con lo que se ganaba la vida en época de vacas flacas.
Sufría de una enfermedad, que él mismo llamó “una espina en el cuerpo”. Algunos han querido ver en ello la epilepsia. Sin embargo, otros piensan que mas bien se estaría refiriendo a estigmas (Galatas 6:17). La parapsicología ha estudiado muchísimo estos fenómenos y ha llegado a la conclusión que no sólo ocurren en creyentes, sino también en ateos y que estas marcas son siempre de naturaleza obsesiva e histérica. Así se explicaría porque él se convirtió tan drásticamente al cristianismo. Afirmaba haber visto a Jesús resucitado. ¿Fue Pablo el primer estigmatizado de la historia?

Pertenecía a la tribu de Benjamín. Recordemos que siempre existió una rivalidad tácita entre la tribu de Benjamín y la de Judá, que se grafica muy bien en la historia del rey Saúl (benjaminita) y de cómo David (judío) le arrebató el derecho al trono. Es muy posible que por esto Pablo tuviera un prejuicio adicional contra las gentes de Jerusalén, muchos de ellos descendientes de la tribu de Judá.
• Se especializó en difundir la fe cristiana entre los gentiles. Helenista nato.
Exigió monogamia a los obispos y diáconos (Timoteo 3) y estaba en contra del celibato de los apóstoles (1Corintios 9:5).
• Transformó al cristianismo: de un misticismo anárquico de convicciones heterogéneas en una institución autoritaria y jerárquica con una doctrina homogénea. Nadie se imagina a Jesús de papa.
• Se hizo circuncidar para agradar a una mujer: la hija de Gamaliel, sumo sacerdote judío. Pero ella, aún así lo rechazó. Esa sería supuestamente la razón por la que Pablo sentía tanto rencor por la circuncisión (Apócrifo Ascensión de Santiago – El obispo griego San Epifanio lo menciona).
• Suscitaba fuertes pasiones amorosas entre las mujeres que evangelizaba (solteras y casadas). Lo que utilizaba para su beneficio (Apócrifo Hechos de Pablo y de Tecla).
Suscitaba odios entre los mismos cristianos al punto que los cristianos helenistas querían matarlo (Hechos 9:29). ¡Vaya que tales cristianos!
Tenía tendencia al histerismo, además de un carácter duro, belicoso y con fuertes accesos de rabia que había que soportarle. ¡Toleradme!, exigía (2 Corintios 11:1). ¡Qué buena raza!
• Poco humilde (2 Corintios 11:12-14). Enseñaba a algunos cristianos a sentirse superiores sobre otros (Hebreos 5:11-14). Los otros discípulos lo criticaban con justa razón (Santiago 3:13-18) (Santiago 4:11-12) (2 Pedro 2:18-22).
• Se contradecía. Si bien innumerables veces se ufanaba de no recibir dinero por sus enseñanzas, en otras oportunidades si lo aceptaba (2 Corintios 11:8).
• Partidario del “ojo por ojo” del Antiguo Testamento (2 Timoteo 4:14).
Asquerosamente machista, como no ocurría tanto entre los romanos y griegos de su tiempo (1 Timoteo 2:11-12) (Efesios 5:22-23) (1 Corintios 14:34-35).
• Utilizaba los “dones del espíritu” para atacar a su oponente y dejarlo ciego (Hechos 13: 9-12).
Realizó la primera quema de libros no cristianos (Hechos 19:19).
• Odiaba que alguien le hiciera la competencia en su labor proselitista hablando de “otro Jesús” diferente al que él predicaba. Sentía envidia y celos de los otros apóstoles (2 Corintios 11:2-5) (Filipenses 1:15-17).
Tenía enemistad con el ala judía de la cristiandad (Hechos 24:5).
• Repetía una y otra vez en sus epístolas que los cristianos sólo debían juntarse con “personas decentes”, olvidando que Jesús tuvo también entre sus seguidores, prostitutas y recaudadores de impuestos, considerados ambos oficios lo por de Palestina.
• Propiciaba el segregacionismo al exhortar a los cristianos a que no se mezclen con los que no lo son (2 Corintios 6:14-18). Inculcó en el cristianismo la semilla del fanatismo y la intolerancia a otras ideologías. ¿Dónde estaba “el amor a los enemigos” que tanto profesó Jesús? (Mateo 5:38-48)
Amenazaba con castigar a los cristianos que se apartasen del dogma. Olvidando que la conversión al cristianismo se hacía por libre voluntad y no por nacimiento, como en el caso de los judíos (2 Corintios 10:5-6). Este principio degeneraría, siglos después, en cosas tan espeluznantes como la Santa Inquisición.
• Demostraba que el implacable Pablo, seguía siendo en el fondo, el mismo Saulo de siempre, quien sólo había cambiado de bando (2 Corintios 13:2).
Se creía dueño de la verdad absoluta. Se irguió a sí mismo como la única autoridad eclesiástica confiable y con derecho a decidir cuales prácticas judías conservarían los cristianos y cuales no, desconociendo por completo la opinión de los apóstoles de Jerusalén (1 Timoteo 1:3-7).
Fue un gran propagador de la fe cristiana, pero de una fe hecha a su medida. Explotó la imagen de Jesús a su gusto y antojo, pero una imagen desprovista de la condición terrenal comprometedora. Le achacó el eslogan: el divino Jesús, rey de reyes y señor de señores. De humano elegido por Dios lo metamorfoseó en un Dios inmortal e inasequible que debía ser obedecido por ser una entidad cuyo poder era incuestionable (1 Timoteo 6:15-16). El adjetivo “inmortal” era una palabra muy familiar entre los griegos y romanos para sus dioses3. Esta estrategia (convertir a Jesús en Dios) hizo posible poder fundar una religión y competir así con otras religiones de su tiempo. Y es sabido que la religión es un excelente negocio.
Maldecía a diestra y siniestra. Pobre de aquel que leyera evangelios que no eran los de su agrado (Galatas 1:9).
• Hizo prevalecer la mentalidad “nosotros los buenos contra ellos los malos”. Polarizó la filosofía de amor fraternal (ágape) de Jesús en forma radicalmente dualista: los creyentes dispuestos a todo y los opositores impíos. Esta polarización llegó a su punto crítico cuando los cristianos empezaron a manifestarse públicamente contra los deportes, sólo porque quienes lo practicaban lo hacían desnudos (1 Timoteo 4:7-8). Luego también se opusieron a las sangrientas diversiones del circo romano, favoritas del imperio.
• Si es que es verdad que los evangelios fueron escritos después de las cartas de Pablo, como aseguran los expertos, entonces, es bastante posible que los evangelios quedaran grandemente influidos por las doctrinas paulinas. ¿No es sospechoso que en “Hechos” Pablo sea el héroe de la película?

El cristianismo estaba llamado a modificar el sistema imperante de nuestro planeta, apuntando a ser una religión de síntesis, por su filosofía de profunda tolerancia y solidaridad. Recordemos que Jesús instituyó la comunidad de bienes, es decir, donde todos compartían lo de todos (tenían una bolsa común para los gastos), costumbre copiada de los esenios.

Pablo como hombre rico que era, buscaba exclusivamente codearse con gente de dinero. Si bien lo hizo para expandir su mensaje y aumentar los fondos para el movimiento, el costo fue distorsionar la prédica de Jesús. Muchos cristianos no estaban de acuerdo con la pompa y lujo que envolvía a Pablo –proveniente de la plata de los feligreses (Santiago 5:1-6). Por eso, se formaron otros grupos, como los ebionitas (que significa “los pobres”), cuyas enseñanzas decían que procedían del mismísimo Santiago, hermano de Jesús.

Cabe recordar que la marginación a los pobres estaba formalizada en la Iglesia hasta hace muy poco. Sino, ¿por qué no se permitía a la gente de menores recursos entrar a las iglesias y sentarse en las bancas? Si querían opio misa tenían que estar de pie al fondo, detrás del enrejado. Afortunadamente esta absurda costumbre ha sido rectificada.

Fanáticos fundamentalistas




Los romanos estaban hartos de los cristianos (Hechos 28:22). ¡Y como no iba a ser!, si donde iban éstos hacían destrozo y medio, rompiendo y quemando las estatuas de los templos paganos (no cristianos). El historiador Suetonio (siglo I de nuestra era) escribe en su libro “Vida de los doce césares” que el emperador claudio expulsó de Roma a “unos judíos que ocasionaban tumultos a causa de un tal Cresto”. Así es. Las autoridades imperiales veían con suma preocupación como esa secta de locos revoltosos se reproducía como conejos. Y para colmo, en mil veces más sectarios que los judíos.

¿Cómo se explica la expansión en forma exponencial del cristianismo en la Roma de los césares? Si bien los cristianos odiaban los otros cultos, entre ellos eran muy solidarios y se ayudaban como una gran familia. Sus miembros se sentían “parte de algo coherente dentro del caos”, lo que les otorgaba identidad, como ocurre hoy con las pandillas.

Si alguien en esa época se convertía al cristianismo, ¡terrible!, sus parientes se preocupaban y trataban de sacarlo a como diera lugar de esa secta considerada peligrosa. Si bien Roma era muy permisiva con todo tipo de culto, a los cristianos los veían como una plaga. Y no es una exageración. Los odiaban, pero dada la libertad que se promovía en sus leyes, hacía falta una acusación claramente política para poder deshacerse de ellos. Es aquí donde encaja el célebre y legendario incendio de Nerón.

Un incendio políticamente correcto


En el año 64 de nuestra era Roma era una ciudad desigual. Tenía zonas urbanas muy modernas, elegantes, bien iluminadas, amplias y salubres, pero había otras partes, correspondientes a la Roma antigua, que estaban abigarradas de tugurios de madera y arcilla que se caían a pedazos, donde las enfermedades eran pan de todos los días para sus habitantes. Nerón quería terminar con ese problema de una vez por todas, pero no encontraba la forma que la gente cooperara con las reformas que pensaba efectuar. Además, quería construir un palacio esplendoroso, digno de la divinidad que él se creía que era en sus delirios de grandeza. Con el incendio, Nerón mataría dos pájaros de un tiro: solucionar el problema de remodelación de la ciudad y quitarse de encima a esa “superstición estúpida” (que así era como tildaba al cristianismo Plinio el Joven en su “Carta a Trajano”).

El incendio duró seis días. Ardió Roma como un papel. Murieron miles de víctimas: quemados, asfixiados, aplastados por los escombros, hubo gente que lo perdió todo. Y aunque se designaron refugios para los damnificados, no fueron suficientes. Al ir calmando el fuego, las víctimas reclamaron un culpable y Nerón se los dio gustoso: los cristianos. El pueblo aceptó ese chivo expiatorio, aunque sabía que ellos no eran los responsables del incendio, igual la gente los condenó por su fanatismo. El historiador romano Tácito escribe en el siglo I de nuestra era:
“…fueron arrestados los que confesaron (ser cristianos),…aunque no se les condenó tanto por el incendio como por su odio a la raza humana (Anales, XV 44)”.

El Mesías que nunca llegó

Entonces comenzó la más terrible de las persecuciones hacia esa secta. Cientos fueron crucificados, otros arrojados a las fieras en el circo y otros los quemaron vivos como antorchas humanas. Fue debido a esta persecución que Pablo que Pablo cayó por fin en manos de las autoridades romanas, acusado de un delito político contra el imperio: ser el autor intelectual del gran incendio.

Fueron tiempos violentos para todos. Junto con las persecuciones cristianas, había otra bomba de tiempo que estaba también a punto de explotar. Los judíos ya no soportaban más el yugo de los romanos. Los zelotes, una secta judía ultranacionalista de tipo terrorista, promulgaban la lucha armada contra Roma. Ellos esperaban un Mesías que sería un líder político y militar, al estilo de Moisés, que liberaría a la nación judía del nuevo faraón opresor: el césar romano. Juan Bautista quiso encajar en este molde y empezó a encabezar revueltas políticas contra Herodes, pero le costó literalmente la cabeza. En cambio Jesús siempre mantuvo una distancia crítica frente a la política y la milicia. No obstante, tenía seguidores zelotes que permanecían a su lado esperanzados en que en algún momento su Maestro cambiara de opinión. Cosa que jamás sucedió.

Cuando murió Jesús, los zelotes se retiraron decepcionados al desierto a enfrentar al imperio mediante guerrillas. Mientras tanto en Roma los tributos aumentaban junto con la pobreza y el descontento judío. Azuzado por los zelotes, todo estalló en un terrible choque armado entre judíos y romanos en la revuelta del 66 de nuestra era en Jerusalén. Corrió ríos de sangre durante varios años. Según las crónicas de la época, se cuenta que en pleno caos los judíos en su desesperación empezaron a convencerse entre ellos de que en cualquier momento llegaría el Mesías para salvarlos, pues sin duda eso que estaban viviendo era el fin del mundo. Pero su Salvador, justo como ellos querían, no llegaba, ni llegó nunca.

Adiós Jerusalén, adiós


Dado que las murallas de Jerusalén resultaban infranqueables, el comandante romano Tito incendió las puertas y arrasó con todo lo que encontró a su paso, incluyendo el sagrado Templo de Salomón. La ciudad resistió cinco meses, pero fue en vano. El destino ya había dado su veredicto. Perecieron miles de judíos. Fue una carnicería. La caída y saqueo de Jerusalén ha quedado retratado en el Arco del Triunfo de Roma, donde aparece en sus relieves el ejército romano llevándose como trofeo de guerra el candelabro de siete brazos (Menorah), una de las grandes reliquias judías. Los apócrifos 4 Esdras y 2 de Baruc del Antiguo Testamento detallan todo este incidente. El Arca de la Alianza, el bien más preciado del Templo no se halló.

Así fue como la guerra le arrancó las entrañas al judaísmo. Cuenta el historiador Flavio Josefo que los presos judíos que quedaron con vida fueron apedreados, crucificados y vendidos como esclavos a otras tierras. Es éste el más famoso de los exilios judíos. Se dice que la mayor parte de cristianos había escapado de Jerusalén antes de la catástrofe, porque interpretaron como una profecía de estos sucesos algunas frases de Jesús en las que advertía que tendrían que huir a las montañas (Lucas 21:21). De esta forma, Palestina quedó prácticamente desolada y devastada en manos de los romanos. Sin embargo, hubo un último aletazo de ahogado antes del exilio total. Fue en el año 135 cuando estalló la insurrección judía liderada por Bar Koshba. El emperador Adriano los hizo papilla y a los pocos que sobrevivieron los expulsó ahora sí, definitivamente. Al punto que los romanos cambiaron el nombre de Jerusalén por el de Aelia Capitolia y la consagraron a Júpiter. De esta manera, los judíos fueron arrojados de Jerusalén por casi dos mil años, para después de dos guerras mundiales volver a la tierra prometida.

Dolor

En verdad, esa época fue como “el fin de los tiempos” para los hebreos. Todas sus ilusiones nacionalistas terminaron destrozadas en mil pedazos, puesto que no vino el Mesías político y militar que tanto estaban esperando. Por eso, en un intento de olvidar esa etapa negra de sus vidas, negaron casi todas las profecías que hablaban del Mesías esperado, considerando pecaminoso leer libros apocalípticos pues estaban llenos de profecías mesiánicas. Quedaron apenas algunas referencias y el llamado “pequeño apocalipsis”, que se basa en los libros prohibidos como el Libro de Enoc, el Libro de los Jubileos y el Testamento de los Doce Patriarcas. Al ser proscritas las profecías mesiánicas, la mayoría de los libros apocalípticos fueron considerados apócrifos. Lo doloroso se trata de olvidar, convirtiéndolo en tabú. Es un mecanismo de defensa de la psique colectiva.

Los mártires underground





Si bien el cristianismo original puede considerarse una rama del judaísmo, muchos de los cristianos judíos que sobrevivieron se refugiaron en los grupos paulistas. El judaísmo y el cristianismo terminaron así por separarse completamente. Luego vinieron siglos de duras persecuciones a los cristianos, los cuales tenían que aceptar el culto pagano so pena de ser degollados. Entonces morir por su fe se consideró un privilegio. Así, los cristianos se convirtieron en mártires. Es la época de las catacumbas. En sus paredes subterráneas se hicieron muchísimos graffitis con motivos cristianos. Jesús aparece pintado como un joven efebo griego: rubio, con el cabello corto ensortijado, lampiño y blanco, casi siempre con un pequeño cordero sobre los hombros. Es que en ese tiempo la Síndone, con la presunta verdadera imagen de Jesús, estaba oculta en unas paredes del antiguo palacio real de la ciudad de Odessa (Turquía). Por lo tanto, ningún cristiano en ese entonces sabía cómo había lucido su Maestro en realidad.

Incluso, hay imágenes de Jesús con rayos emanando de su cabeza como si fuera el dios Apolo conduciendo el carro del sol. Aparte de la imagen del Mesías, en las paredes subterráneas se ven peces, delfines, anclas, corderos, palomas, gallos, caballos, aves fénix, pavos reales, serpientes, nueces, palmas, pieses, coronas, barcos, ríos, conchas y carneros. También habían crismones que estaban formados por la P y la X juntas. Luego más o menos por el siglo V, el crismón se transformó en cruz. Antes no había representaciones de cruces, lo máximo que había eran esvásticas. Paralelamente al crecimiento clandestino del cristianismo paulista, iban apareciendo también nuevos grupos disidentes que serían tildados de herejes. Es el caso de los gnósticos (en todas sus variantes), que bebieron de las tradiciones egipcias y griegas. También estaban los maniqueos que llegaron a ser poderosos, lo mismo que los sabelianos y otros más.

Con el tiempo el coloso romano empezó a desmoronarse y en ese desmoronamiento, los cristianos vieron aliviadas sus persecuciones, pues éstas debían postergarse para atender asuntos más importantes como la economía y la guerra. Sin embargo, hubo una última arremetida de violencia hacia ellos.

El fin del sufrimiento

Diocleciano fue el último emperador romano que persiguió a los cristianos. Gobernó entre el siglo III y IV de nuestra era. Al comienzo trataba de evitar el derramamiento de sangre entre los miembros de esta secta, pues su hija Valeria también era cristiana, pero en vista que eran más tercos que una mula, no pudo con ellos y puso mano dura. Los torturó, los metió a prisión, los esclavizó, los obligó a realizar trabajos forzados en las minas y los mató de hambre. Si eran obispos, mejor. En cuanto a las mujeres, las forzó a ejercer la prostitución. El nombre de Diocleciano ha quedado en la memoria como uno de los más atroces anticristos de la historia. Luego le sucedió su yerno Galerio, que si bien al comienzo también los odiaba a muerte, por una razón que ha quedado olvidada en el fondo de los tiempos, de pronto simpatizó con el cristianismo. Quizá fue porque Galerio estaba enfermo y algún cristiano le devolvió la fe en su curación. Dicho encuentro lo debe haber reconfortado tanto que él mismo, en persona, se encargó de convencer a los demás jefes imperiales para terminar definitivamente con las persecuciones a los cristianos.

Entre estos jefes estaba nada menos que Constantino, alguien que jugaría un papel primordial en el futuro del cristianismo. En medio de su cambio radical, Galerio promulgó un edicto dando licencia a los cristianos para reconstruir sus iglesias y entregarse en paz a su culto. Cuentan algunos historiadores eclesiásticos, que a la muerte de Galerio, fueron abiertas, a manera de celebración, todas las prisiones imperiales donde se hallaban recluidos los cristianos y también que los que trabajaban en las minas volvieran a sus hogares. Así fue como este emperador le preparó el terreno a Constantino. En muy posible que en esta atmósfera, los cristianos estuvieran tan entusiasmados que pensaron que eso era el preámbulo de la segunda venida de Jesús. Pero estaban equivocados.

Mañana en la batalla, piensa en mí

¿Cómo se transformaron los cristianos de minoría perseguida a mayoría perseguidora? Todo comenzó cuando subió al poder Constantino y promulgó en el año 313 de nuestra era el famoso edicto de Milán, otorgando plena libertad a los cristianos para ejercer su culto. Así se inicia un nuevo ciclo para el cristianismo. Al fin eran libres, pero, ¿qué iban a hacer con esa libertad?

¿Por qué Constantino ayuda a los cristianos? Cuenta la leyenda que en la batalla de Puente Silvio en el año 312, Constantino invoca el nombre de Jesús y se le revela una visión: una cruz resplandeciente con las palabras in hoc signo vinces (con este emblema vencerás). Efectivamente con la cruz pintada en los escudos de los soldados (en realidad no era una cruz sino un crismón) y la garra de los cristianos, se logró derrotar a su enemigo Majencio, último rival que le faltaba vencer para subir al trono de emperador romano.

Cristianos al poder


¿Qué fue lo que ocurrió en verdad? El imperio estaba viviendo años de discordia y tremendas luchas internas. Salía un emperador y entraba otro como pop corn saltando en la sartén. Para el año 308 había nada menos que seis emperadores gobernando a la vez. Uno de ellos era Constantino, que no era ningún santo, pues llegó a matar a su cuñado Licinio, hizo hervir a su esposa Fausta y ordenó el asesinato de su hijo Crispo. Pequeñeces por el poder.

La idea que a Constantino le quitaba el sueño era cómo deshacerse de sus rivales y unificar el imperio, con él a la cabeza, obviamente. Si bien Constantino era pagano, se dio cuenta que la fe cristiana se estaba convirtiendo en un culto de masas. Entonces, como buen estratega observó que era muy conveniente poner a ese dios llamado Jesús al frente de la guerra y que la gente luchara por él. El consejo debió dárselo su madre Elena que era cristiana. Un Dios, una religión, un emperador, un imperio.

Pero también había una razón económica para aceptar la fe cristiana. Los cristianos habían llegado a acumular gran cantidad de dinero debido a las donaciones y a la costumbre judía de otorgar el diezmo de la ganancia laboral obtenida. Constantino en su afán de adquirir capital para la alicaída economía romana, vio provechoso hacer negocios con este floreciente movimiento religioso. A partir de Constantino el poder imperial y el Espíritu Santo hicieron muy buenas migas. Y por ironía del destino, la paloma se alimentó del imperio y sobrevivió a él.

Las dos caras de Constantino




Constantino era un ser contradictorio. Por un lado, les dio la libertad a los cristianos, construyó en Jerusalén la Santa Iglesia del Sepulcro y buscó reliquias crísticas, pero por otro lado, nunca se bautizó cristiano hasta el día de su muerte. En realidad, toda su vida Constantino fue adepto del culto a Mitra (el dios de la luz del antiguo Irán). Por eso, colocaba la imagen de ese dios en sus monedas, medallas y hasta hizo erigir su estatua en Constantinopla. La Iglesia Armenia y rusa veneran a Constantino como santo y celebran una fiesta anual en su honor. En cambio, paradójicamente, la Iglesia católica no lo ha canonizado hasta ahora, aunque le debe mucho.

Durante el gobierno de Constantino se declaró día no laborable el domingo, día identificado con el sol para los paganos. Desplazando así el sábado, día de descanso judío. De esta manera, poco a poco el cristianismo se fue fusionando con el culto de Mitra y luego de otros dioses y salió una mezcolanza. De hecho, la palabra “Cristo”, al igual que “Krishna”, deriva de la raíz indoeuropea “Kris” que era un antiguo nombre del sol.

Constantino siguiendo con el afán reformador, cambió la capital de Roma a Bizancio y la llamó Constantinopla, por ser un lugar estratégico de importantes puntos de intercambio comercial. El cambio geográfico helenizó aún más al imperio. De esta manera, el coloso romano de un solo tajo, se dividió en Occidente y Oriente. Esto es importante, ya que de esta separación se generaría en el futuro controversias de poder entre el papa y el patriarca (papa de Oriente), finalizando en el cisma del año 1054 entre la Iglesia católica y la ortodoxa, conflicto que permanece hasta el día de hoy. El cisma se produjo por la discusión sobre el filioque. A la frase del credo: “Creo en el Espíritu Santo que proviene del Padre”, los católicos añadieron “y del Hijo” y se agarraron a golpes por eso, el patriarca de Constantinopla Focio y el papa Nicolás I. Ninguno de los dos cedió. En realidad, el filioque es un pretexto. El cisma fue más por jurisdicción que por teología y todo el mundo lo sabe.

La credibilidad de la paloma

Con Constantino, el cristianismo dejó la crisálida de la clandestinidad, para transformarse en una mariposa rutilante de lujo y poder. Por fin era una religión legal al amparo del imperio. Ahora tenían que ver la manera de propagar su fe a la luz del día. Pero había un pequeño problema. ¿Qué fe se iba a propagar? Porque no había una sino muchas. Cada una con su particular punto de vista sobre Jesús. Las tensiones y las diferencias al interior de la Iglesia amenazaban la estabilidad del imperio. Especialmente, la fuerza que estaban adquiriendo los arrianos. Si la Iglesia iba a desempeñar el papel de unificadora del imperio, ella misma debía ser unificada. Ipso facto. Es entonces que Constantino se le ocurre una gran idea: hacer una reunión con los representantes más conspicuos de la Iglesia para poner todas las creencias sobre la mesa y diseñar una sola. Así fue como en el año 325 se lleva a cabo el famosísimo Concilio de Nicea (hoy Turquía), de donde nacieron los dogmas cristianos.

La discusión fue dura y cruenta. Fluctuó entre debates acalorados, jalones de barbas y crímenes. Hasta Papa Noel (el obispo de Myra) le pegó a Arrio ¿De qué discutían tanto todos ellos? Dos cosas puntuales. ¿Qué libros eran sagrados para ponerlos en la Biblia? Se tuvo que hacer un casting de evangelios. Se dice que el Espíritu Santo encarnado en una paloma les susurró en los oídos a los obispos qué libros incluir y cuáles discriminar. Así nació la Biblia.


Olla de grillos


Y el segundo punto a tocar en el Concilio de Nicea era si el hijo de María era hombre o dios. Los arrianos sostenían con muy buenos argumentos que Jesús era hijo de Dios, pero no era Dios. Entonces, se armó el bolondrón y excomulgaron a Arrio. Sin embargo, tiempo después las creencias arrianas volvieron a ganar terreno pero de pronto, a Arrio le explotaron los intestinos en el baño. Los cristianos dijeron que fue un milagro, mientras que los arrianos sabían muy bien que había sido un vil asesinato.


Al finalizar este concilio, Constantino manifestó por medio de una circular, que las decisiones adoptadas por los 318 obispos constituían la “voluntad de Dios” y punto, fin de la pelea. Así fue como se creó el germen de la ortodoxia cristiana, estableciendo las cosas que había que creer ciegamente, quedando fijados los dogmas de fe que serían los pilares del edificio cristiano. El sueño dorado de Pablo se hacía realidad. El cristianismo dejó de ser un conjunto de comunidades filosóficas para convertirse en una institución elitista que otorgaba buenos puestos en el gobierno. Ahora poseer un cargo en la Iglesia era sinónimo de status y riqueza. Nada más lejos del ideal de sencillez, humildad y desapego de Jesús de Nazareth. Así fue como el cristianismo primigenio empezó a desdibujarse.

A pesar que a los arrianos se les señaló con el dedo crítico adjudicándoles el nombre de “herejes”, este grupo siguió creciendo, al punto que fue elegido obispo, el arriano Pisto. El papa Julio I se negó a aceptar su autoridad, a pesar de tener el apoyo de la gente de Alejandría, centro intelectual del imperio. Es interesante anotar que es justamente Julio I quien publica un documento llamado “Constitutum” que prohíbe a los clérigos llevar sus causas a los tribunales seculares. La razón era muy simple. Los problemas entre religiosos se multiplicaban y no por cuestiones filosóficas sino por posesiones.

Los otros




Después del arrianismo, vendrían otras voces alternativas que se unirían al estigma negro de la herejía. Todos estos grupos eran considerados serias amenazas a la ilusoria unidad de la Iglesia. Así, tenemos nombres que ahora nos parecen raros como los eunomianos, los monofisitas, los priscilianos, los eudoxianos, los semiarrianos, los marcelinos, los samosatenos, los nazarenos, los fotonianos, los nestorianos y los apolinaristas, entre otros. Muchas de estas comunidades huyeron de la “corrupción” en la que había caído el cristianismo paulista al montarse al poder del imperio y se retiraron a los bosques y desiertos, convirtiéndose en ermitaños.

Soledad colectiva

Así fue como aumentaron los cristianos eremitas (practicantes sobre todo de la castidad) quienes al principio vivieron solos y alejados del mundanal ruido, pero luego, influenciados por las ideas del egipcio Pacomio, formaron poblados enteros que dieron lugar a la aparición de “cenobios”: especie de aldeas en miniatura, donde cada cual construía su ermita, preparaba sus propios alimentos y donde sólo se compartían ciertos actos litúrgicos, conservando así su propia libertad de acción. Al principio estos cenobios fueron mixtos, pero las hormonas siempre causaban problemas, así que fue preciso separar los sexos, estableciéndose reglas y erigiendo a un abad o abadesa como máxima autoridad.

El último pagano

Después de la muerte de Constantino, sus hijos se mataron literalmente por el poder. El único que sobrevivió fue Constancio, quien nombra como co-regente del imperio a su primo Juliano, quien más adelante tomaría el mando. Juliano llegó a ser el último emperador pagano. Decía que el cristianismo “era una religión de esclavos, incapaz de suscitar almas generosas y heroicas”. Además él estaba desilusionado de los cristianos, a quienes consideraba inconsecuentes con sus ideas al poseer una doble moral. Se irritaba profundamente ante el contraste entre las creencias cristianas y su existencia real cotidiana. Después de todo, sus primos, los hijos de Constantino, habían sido educados en el cristianismo, sin embargo resultaron aniquilándose unos a otros, haciendo caso omiso del profundo respeto a la vida que enseño Jesús. Por eso, para él, el cristianismo sólo era una farsa que ocultaba tras la piel de cordero, al más temible de los lobos: el deseo insaciable de querer más y más poder.

Juliano tuvo influencia neoplatónica (platonismo orientalizado), al igual que muchos cristianos sinceros de su generación. Sobre todo aquéllos que estaban imbuidos de un sentimiento de decepción por el curso que iba tomando su religión. Por eso, se generó una corriente de ideas neoplatónicas sobre el ascetismo como medio para alcanzar la redención de los pecados.

El alma es buena y la carne es mala

Según el neoplatonismo, la materia es la manifestación del mal y las almas de origen divino, deseosas de existir por sí mismas diferenciándose del Dios creador (en una concepción panteísta de la deidad), reniegan de su sublime origen cual Satanás y se rebelan, ligándose a la materia. Después de experimentar la existencia material, el alma sentía nostalgia de su prístino estado y busca desesperadamente volver a la eternidad. Mientras no pueda lograrlo, aquella alma estará sujeta al ciclo de reencarnaciones, donde purgará todos los errores cometidos en las sucesivas experiencias terrenas. Son estas ideas y el supremo desprecio por la carne que de esas ideas se desprende, lo que llevó a gran parte de los ermitaños, anacoretas y monjes cristianos influenciados a practicar el sadomasoquismo al cuerpo. Hay que castigar al cuerpo porque es símbolo del mal. Del mismo modo, este repudio hacia lo material, que se acentuó gravemente en la Edad Media, trajo consigo el retraso de las investigaciones en el campo de las ciencias naturales, contribuyendo grandemente a producir el temible oscurantismo. Los cristianos tomaron muchas ideas neoplatónicas, o sea, paganas y las llevaron a sus últimas consecuencias.

Tierra de nadie



Juliano sabía que producir nuevos mártires sólo fortalecería al cristianismo, de modo que sus ordenanzas apuntaron, en primera instancia, a despojarlo de los privilegios conferidos en relación con los demás cultos paganos. Por ejemplo, desde el tiempo de Constantino, muchos cristianos se habían vuelto a sentir con la libertad para destruir a diestra y siniestra templos paganos sin que la ley los culpara de nada, con total impunidad. Con Juliano esto cambiaría y todo cristiano involucrado en este tipo de acción sería considerado un delincuente que tendría que realizar trabajos forzados, participando activamente en la reconstrucción de dichos templos o, de lo contrario, pagar los gastos. Del mismo modo, fue retirado todo apoyo económico y judicial del Estado a la Iglesia. De esta forma, desprotegidos, sin que nadie de arriba los defendiera, los cristianos dejaron de ser abusivos con los paganos. Así, los bienes de algunas iglesias fueron confiscados y no faltó momentos en que el pueblo agredió a los seguidores de Jesús en las calles del imperio.

Una pequeña nube pasajera

Sin embargo, Juliano no estaba satisfecho con todo esto. Quería más. El deseaba erradicar de raíz y para siempre al cristianismo, pero de una forma astuta para no fallar como antes lo habían hecho sus antecesores. Por esto, el emperador emite un edicto en el que se prohibía a los cristianos dar enseñanza regular y recibirla. De esta forma, Juliano pretendía, que al cabo de un par de generaciones, cortar el hilo de su tradición cristiana, creando así el olvido y por tanto ya sin memoria, podía descalificarlos para acceder a puestos importantes en el Estado. Por otro lado, creó una jerarquía semejante a la cristiana para los cultos paganos, con la finalidad de otorgarles una solidez organizativa que pudiera competir efectivamente con la Iglesia. Así, en lugar del papa, se hallaba nada menos que el mismo emperador a la más antigua usanza donde el monarca era a la vez, supremo sacerdote. También hizo lo posible por atraer al pueblo a los santuarios, casi abandonados e introdujo en ellos cátedras de esoterismo. Además impulsó la caridad por medio de instituciones filántrópicas paganas que ayudarían a los más pobres y necesitados con la ayuda de fuertes donaciones estatales.

En resumen, Juliano prácticamente se constituyó en un reformador de la religión pagana, tomando lo mejor del cristianismo como modelo. Pero no contento con esto, escribió varios tratados de filosofía donde argumentaba inteligentemente contra los cristianos.

No obstante, había algo con lo que no contaba Juliano: el paganismo había muerto en los corazones de la gente desde hacía mucho y no por culpa del cristianismo, sino porque su ciclo ya estaba cumplido. Así por más que se esforzó, fue imposible revivir el cadáver. El papa Atanasio, quien fue enviado al destierro por el propio emperador, comentó sarcásticamente sobre lo sucedido: “Esto es sólo una nube pasajera”. Y cuanta razón tuvo este doctor de la Iglesia, pues en el año 362, Juliano se vio obligado a partir a Oriente para combatir a los persas y tan sólo un año después es alcanzado por las flechas de los enemigos, cuando sólo tenía 32 años de edad. Cuentan las leyendas que, en medio de su agonía, Juliano le pidió a su médico particular y amigo íntimo que consultara con el oráculo de Apolo, en Delfos (el más importante del imperio) sobre los acontecimientos futuros. Fue esta la melancólica respuesta registrada en las crónicas:

“Ve y di a tu amo:
El célebre templo es un montón de ruinas,
Es todo lo que queda de la mansión de Apolo:
El laurel profético ha desaparecido,
La fuente de la profecía se calla,
Desde que el agua rumorosa se ha agotado”.

En efecto, el agua rumorosa de las antiguas tradiciones se iba secando. La cristiandad había vencido, pues poco tiempo después (luego de algunos emperadores desechables) subiría al poder Teodosio y sálvese quien pueda.

Objetivo: tragarse todo

El sueño de poder absoluto llegó a su punto culminante en el año 392 cuando el cristianismo se convirtió en el bunker del Dios único. Durante el reinado del emperador Teodosio se proclama a esta secta como religión exclusiva del imperio, entonces todos los cultos fueron prohibidos y pasaron a la clandestinidad. Fue así como empezaron las persecuciones a paganos y cristianos herejes. Por ejemplo, mencionemos la prohibición de sacrificar animales a los ídolos, incensar las casas y hacer peticiones a los penates (dioses tutelares), bajo pena de decomisar la casa en que se efectuaran dichos ritos.