lunes, 4 de enero de 2010

Guerra civil en Judea (luego de la muerte de Herodes El Grande)


La broma macabra

¿Qué estaba pasando en Judea justo cuando la Sagrada familia regresaba de Egipto? Hablemos entonces un poco de los incidentes que rodearon el cambio de mando en Judea. Cinco días antes de morir, Herodes mandó a matar a su propio hijo Antipater bajo la acusación de conspirar contra él. Estimulados por las señales astrológicas que anunciaban el fin del gobierno herodiano, dos escribas sacaron las águilas romanas de oro colocadas en el templo de Salomón. Por ello fueron quemados vivos. Entonces se produjeron protestas y disturbios públicos en Jerusalén reclamando por la vida de los escribas sacrificados, quienes de seguro eran fariseos, ya que los saduceos, apoyaban al gobierno herodiano.

Herodes sabía que pronto iba a morir. No queriendo que su muerte se convirtiera en un júbilo nacional, tramó una última crueldad. Ordena que enseguida se reunieran los hombres más ilustres de la nación judía en la plaza pública (llamada Hipódromo) de Jericó (cuna de las sectas proféticas). Entonces allí mismo los toma presos a todos. Traición. Luego, manda a sus compinches (los saduceos herodianos) que cuando él muriese, la noticia acerca de su muerte no se hiciese pública hasta que estos líderes judíos hubiesen sido primero ejecutados. De esta manera, según él mismo dijo:

“De seguro todas las familias de Judea llorarán en mi funeral”.

Pero no fue así.

Guerra civil en Palestina

Herodes en su lecho de muerte, hizo un testamento nombrando sucesores suyos a tres de sus hijos menores: Arquelao como heredero de la realeza, Herodes Antipas con Filipo como soberanos de las provincias de Galilea y Pera, una parte de las tierras situadas al este de Jordán y parte del territorio al nordeste del lago Genesaret. Arquelao fue reconocido rey por su familia y por sus tropas, pero al saberse en el país la noticia de la muerte del déspota, estallaron desórdenes de violencia contra Roma jamás conocidos antes entre los judíos.

Y aunque la muerte del tirano ocurrió con el eclipse como habían anunciado los fariseos, la orden de ejecutar a los rehenes del Hipódromo nunca se llevó a cabo gracias a Salomé, hermana de Herodes, quien aprovechando que Arquéalo aún no había asumido el poder, liberó a los hombres que habían sido hechos presos. ¿Por qué hizo esto su hermana? Dos esposos anteriores de Salomé habían sido ejecutados también por su malvado hermano, Herodes El Grande.

El pueblo estaba furioso: el eclipse (ocurrido el 13 de marzo del año 4 a.C., según nuestros calendarios) anunció la desaparición de un tirano, pero también el arribo de uno peor aún. Había miles de judíos en las calles gritando y protestando según nos cuenta Flavio Josefo. Arquelao contestó mandando tropas a Jerusalén. En un solo día se produjeron tres mil víctimas. El atrio del templo se llenó de cadáveres. Así, comenzó su mandato Arquelao.

La aprobación del testamento herodiano requería de la venia de César Augusto y por ello viajaron a Roma, Arquelao y su hermano Herodes Antipas. Al mismo tiempo se dirigieron donde Augusto cincuenta ancianos como embajada judía para solicitarle que los libre de aquella monarquía, ya que el Mesías aún no se manifestaba ni hacía nada al respecto. En ausencia de los soberanos herodianos, se extendieron aún más los desórdenes.

En medio de este caos llegó Sabino, pretor administrativo de Augusto. Sin escuchar consejos ni advertencias se instaló en el palacio de herodes y se ocupó de constatar los tributos de Palestina. Eso fue la gota que derramó el vaso.

¡Oh, Jerusalén!

Entonces se produjo en Jerusalén uno de los más terribles choques armados de su historia. Las tropas romanas fueron apedreadas, entonces como represalia, los soldados romanos incendiaron las galerías, penetraron en el templo y robaron todo lo que pudieron. El propio Sabino se apoderó de 400 talentos pertenecientes al tesoro público y después tuvo que atrincherarse apresuradamente en el palacio. La rebelión se extendió como mecha de pólvora prendida. El que por entonces era gobernador de Siria (vecino del norte), Quintillo Varo, pidió refuerzos con desesperación pues los palacios reales estaban incendiados. Cayeron innumerables prisioneros, dos mil hombres fueron crucificados.

Con toda esta violencia y sangre, era imposible viajar por Palestina y menos aún pasar por Judea. Si la Sagrada Familia estaba saliendo de Egipto, tenía que cruzar irremediablemente esa región. ¿Cómo entonces llegaría José, María y Jesús a Nazareth en Galilea? Eso representaba atravesar todo el país pasando por la convulsionada Jerusalén. De modo que el regreso debió efectuarse cuando la situación política se había calmado lo suficiente como para poder transitar con cierta seguridad.

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