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miércoles, 9 de junio de 2010

El arte y los apócrifos 16



La pintura se llama "Santa Ana enseñando a leer a la Virgen". El autor es Murillo (1617-1682).

¿De dónde extrajo Murillo la información de que la madre de María se llamaba "Ana"?

viernes, 4 de junio de 2010

El arte y los apócrifos 9



Otra representación del asno y el buey en el nacimiento de Jesús. También se ve a las comadronas bañando al niño. He escogido representaciones muy antiguas del asno, buey y las comadronas, para que vean que la lectura de los apócrifos tiene una larga data.

Esta imagen se encuentra en la Iglesia Oscura, Capadocia, Turquía. Es un Fresco bizantino de fines del siglo XII.

Aquí lo que dice el Pseudo Mateo:

XIV 1. El tercer día después del nacimiento del Señor, María salió de la gruta, y entró en un establo, y depositó al niño en el pesebre, y el buey y el asno lo adoraron. Entonces se cumplió lo que había anunciado el profeta Isaías: El buey ha conocido a su dueño y el asno el pesebre de su señor.

2. Y estos mismos animales, que tenían al niño entre ellos, lo adoraban sin cesar. Entonces se cumplió lo que se dijo por boca del profeta Habacuc: Te manifestarás entre dos animales. Y José y María permanecieron en este sitio con el niño durante tres días.

El arte y los apócrifos 8



El buey y el asno

Esta imagen se halla en el Convento de san Juan de Ortega, Burgos, España. Este lugar es un ejemplo típico de arte Románico (siglo XII aprox). Además esta iglesia pertenece a la cadena de iglesias de la Ruta de Santiago de Compostela.

Aquí se ve a las comadronas asistiendo a María y también a los famosos asno y buey que ponemos en los nacimientos en Navidad. Sin embargo estos animalitos no están mencionados en la Biblia canónica. Solo en la apócrifa.

jueves, 20 de mayo de 2010

Fin de los Años perdidos de Jesús



De vuelta a casa

¿Qué edad tenía Jesús al volver a Palestina? Para saber esto primero diremos que no es verdad que Jesús tuviera 30 años exactos al comenzar su prédica. La única referencia al respecto en los evangelios es la que hace Lucas (3:23) diciendo lo siguiente:

“...Además, Jesús mismo, cuando comenzó, era como de treinta años...”,

Es decir, que estaba dentro de la década de los treinta. Cuando Jesús regresa, su primo Juan ya había empezado su ministerio. Lo que ocurrió según Lucas (3:1-3) en el año decimoquinto del reinado de Tiberio César. El año decimoquinto del emperador abarcó desde el 17 de agosto del año 28 de nuestra era en el calendario gregoriano hasta el 16 de agosto del año 29 de nuestra era Por tanto, si Jesús nació en el año 7 a.C. del calendario gregoriano, tenemos que debió tener unos 34 años cuando volvió a su tierra con su madre. Por entonces, hacía ya dos años que Pilatos había sido nombrado quinto gobernador de Judea.

Si Jesús tenía 34 años al volver a su patria, vemos que invirtió 20 años de su vida en viajar y aprender. Es muy probable que tres cuartos de este tiempo los usara en su viaje de ida (15 años aproximadamente) y sólo un cuarto (alrededor de cinco años) en retornar, pues de ida habría aprovechado para estudiar los escritos sagrados. Para entonces María, 15 años mayor que Jesús, contaría con unos 49 años de edad y sus sandalias estarían cubiertas del polvo de mil caminos recorridos junto con su hijo querido.

lunes, 11 de enero de 2010

Las rabietas de Jesús



La vida con los nazarenos

Después del viaje a Egipto de la Sagrada Familia, escribe Mateo:

“…y vino y moró en una ciudad de nombre Nazareth para que se cumpliera lo que se habló por medio de los profetas: será llamado Nazareno”

De otro lado, Lucas quien no ha mencionado para nada ni a los astrólogos persas ni la persecución de Herodes, escribe:

“…se volvieron a Galilea, a su propia ciudad de Nazareth. Y el niñito continuó creciendo y haciéndose fuerte, lleno como estaba de sabiduría.”

Sin duda, debió seguir creciendo al lado de los nazarenos, secta muy estricta y hermética. Allí la Santa Familia estuvo mejor custodiada que en ningún otro lugar, pues eran los terrenos de pastoreo del abuelo Joaquín al abrigo de sus peones nazarenos. Además conocían a María desde siempre y es muy posible que muchos de ellos empezaran a considerar y la idea de que Jesús era en verdad alguien muy especial.

Un vacío

A partir de aquí se producen en los evangelios canónicos un vacío de nueve años en los evangelios canónicos que los apócrifos exploran con bastante detalle. Cabe preguntarse, ¿por qué los canónicos callan lo sucedido durante este lapso de la vida de Jesús? Quizá porque la infancia de Jesús no fue una infancia ideal sino, todo lo contrario, angustiosa y llena de dificultades propias del crecimiento de un niño diferente al resto. Demasiado despierto en sus facultades. Antes de continuar es pertinente explicar muy brevemente qué es la energía PSI, pues como veremos después, Jesús durante su infancia tuvo serios problemas para manejar al comienzo esa potente energía con la que había venido al mundo.

Poderes

Lo sabemos. Hoy está de moda hablar de poderes extra humanos, de mutaciones y cosas por el estilo. Ya es la cosa más normal de mundo. Lo vemos en lnternet, en las series de televisión, en la literatura, el cine y hasta en el anime. Pero alguien se ha preguntado, ¿qué necesidad subyace y late en el fondo del imaginario colectivo que hace que salga a flote estas manifestaciones? ¿Acaso el género humano ya está preparado para saber lo que antes sólo lo sabían pequeñas elites en la antigüedad? Es hora de hablar del factor PSI.

En sánscrito a los “poderes” se les denomina siddhis. Son todas esas experiencias que contra todo pronóstico no deberían existir, pero existen. Se filtran en los resquicios de nuestra rutina diaria. Las coincidencias que Jung llamaba “sincronicidad”, es sólo la punta del iceberg. Veamos que hay más allá.

Las tradiciones afirman que estos fenómenos son generados por una fuerza sobrenatural que está desconectada en todos nosotros y que una vez sintonizada, se debe aprender a manejar. Ahora la actividad PSI ya se estudia en algunas universidades de todo el mundo como parte de la carrera de psicología. El término “parapsicología” está cayendo en desuso, porque los fenómenos PSI han dejado de ser considerados esporádicos para convertirse en eventos cotidianos. Básicamente se dividen en dos tipos: los de percepción extrasensorial (PES) y los de psicokinesis (PK). En el primero, la mente funciona como un gran radar que capta e intuye acontecimientos e ideas. Es el caso de las corazonadas, ya sean éstas clarividencia o telepatía. En cambio en el segundo caso, la mente influye sobre el contexto. Hace levitar objetos o al propio cuerpo, altera el organismo (para sanar o enfermar), teletransporta cosas, materializa de la nada o crea alucinaciones en los demás. La emoción es el combustible. Sea la emoción que sea. En las religiones se suele manipular los fenómenos PSI.

Las pataletas de Jesús

Volviendo a la historia de Jesús, el Pseudo Mateo empieza contándonos una anécdota que figura en varios apócrifos. La escena sucede en algún lugar no especificado de Galilea. Jesús es un chiquillo inquieto de tres años. En el Pseudo Tomás tiene cinco años mientras que en el Evangelio Árabe, siete. El muchacho está jugando con otros niños a las orillas del Jordán, mientras María está lavando ropa.

Su juego consiste en hacerse unas balsitas de barro (siete, específicamente) que las pone a navegar por unos canales de agua que él mismo había hecho en la tierra. Pero un niño estropea la entrada de agua de estos canalitos. Entonces, el niño Mesías se pone furibundo y maldice al fastidioso quedando éste fulminado al instante. Claro, de ser cierto, ¿cómo podría contarlo la Iglesia a los feligreses? ¿Cómo explicarle a la gente que el niño Jesús no era ningún santo?

Obviamente, los padres del difunto armaron un gran escándalo. La familia de Jesús no sabía donde meter la cara. Una multitud se agolpa a su alrededor empezando a vociferar contra María y Jesús. Entonces, la madre habla inmediatamente con su hijo y lo convence que perdone al niño. Jesús lo hace y resucita al muerto (¿estaría muerto de verdad?). Luego, continúa jugando como si nada hubiera ocurrido.

Infancia problemática

Que estos prodigios hayan ocurrido o no, poco importa en realidad. Lo que interesa es la insinuación de que la niñez de Jesús no fue color de rosa, como iremos viendo, sino que estuvo plagada de sucesos inquietantes que producía alrededor suyo una atmósfera de incomprensión constante, ya que el Jesús, era lógico, no fue un niño normal, como era de esperarse de un Mesías en crecimiento. Recordemos que el niño Krishna era también una pata de judás pues se le describe turbulento, malicioso e incluso algo ladrón.

El viejo odio de Anás

Continuando con el Pseudo Mateo, se nos manifiesta que un judío había criticado a Jesús por hacer las esculturas de barro durante el sábado y era nada menos que el joven hijo de Anás. Entonces, enfurecido este sujeto destruye con un bastón lo que estaba moldeando Jesús. Ipso facto, éste reacciona y le grita: “Oficina de Satanás” y le arroja una maldición, cayendo el hijo de Anás muerto al instante ante la vista y paciencia de todos.

Esta parece una segunda versión del relato anterior, insertada dentro del mismo apócrifo, pero en esta segunda historia las implicancias del descontrol de Jesús eran realmente serias. De ser cierto lo sucedido, quizá habría sido el motivo real de tanto ensañamiento que demostró el sacerdote Anás, años más tarde durante el proceso de Jesús. Al parecer el chico afectado era el primogénito de Anás, es decir, el hijo más querido entre los judíos, ya que se sabe que Anás tuvo otros hijos y que cada uno de ellos llegó a servir en el templo.

Rabietas divinas

Tras esta muerte, una comitiva asustada acude donde José para decirle lo siguiente:

“Quita a este Jesús de entre nosotros, pues así no puede vivir en nuestro pueblo. O sino, dile que bendiga siempre en lugar de maldecir, pues todo lo que sale de su boca se convierte en realidad”.

Un ruego muy legítimo, en verdad. Esta anécdota también figura en el Pseudo Tomás y en el Evangelio Árabe. El incidente termina en que, después de una dura reprimenda de su padre adoptivo, Jesús resucita nuevamente al muerto. Sin embargo, la gente debía sentirse muy temerosa e insegura viviendo al lado de ese esperpento. El Pseudo Mateo dice textualmente que José le grita a Jesús:

“¡Por tu culpa nos odian!”

Al fin de cuentas, ellos eran seres humanos. Falibles, como todos.

¿Realmente pasó así?

Particularmente no creemos que las cosas hayan ocurrido exactamente del modo que lo plantean los apócrifos, pero dado que Jesús era un ser especial, debió poseer desde niño facultades mentales que podían salirse de su control ante un estado de ira. Así, es muy probable que su eventual cólera infantil haya provocado accidentes o enfermedades en la gente que lo sacaba de quicio y después estos hechos fueron exagerados a la hora de ser escritos en el papiro.

Domando a la fiera

Además de este tipo de problemas, Jesús tenía dificultades con los profesores. Obvio. El Pseudo Mateo nos cuenta una anécdota con un maestro llamado Zaquías, quien veía a Jesús (ya de cinco años), como una especie de potro salvaje que había que domar. Por las palabras que Zaquías dirige a José deducimos que el padrastro de Jesús estaba reacio a educar al chiquillo con profesores, quizás porque sabía que era un niño diferente, rebelde y difícil. Eso se refleja en la contestación de José:

“¿Y quién será capaz de gobernar y educar a este muchacho? Si tu te crees con fuerzas suficientes para ello, no hay inconveniente alguno por nuestra parte de que lo instruyas en esas cosas que enseñas también a los demás”.

Pero, cuando el profesor conversa por primera vez con Jesús, el niño se resiste a ser instruido por un simple mortal, argumentando su divinidad. ¿Arrogancia infantil? Con ello provoca una vez más el estupor de los testigos.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Los mil y un milagros de Jesús al nacer






Prosigue el Protoevangelio diciendo que José se encuentra en el trayecto con una partera hebrea y la convence para llevarla hasta la cueva. Se cuenta que la mujer se quedó atónita cuando palpó las intimidades de María y la halló supuestamente virgen. Si bien este hecho es bastante raro, médicamente es posible, pues algunos pocos hímenes permanecen intactos a pesar de las relaciones sexuales.

Sin embargo, este apócrifo lleva el milagro al extremo, asegurando que María seguía manteniendo su virginidad después del parto. Y eso sí suena a la exageración de un escritor devoto, pues, hasta hoy es médicamente imposible. Lo más lógico es que la virginidad mariana post-parto haya sido una agregado posterior, para de esa manera estar a la altura de los dioses paganos que nacían de vírgenes.

Luego el escritor de este apócrifo lleva a un límite irrisorio la virginidad post-parto de María. Se cuenta que la partera invita a una colega suya llamada Salomé a comprobar la virginidad de la joven madre. Al ingresar la mano de esta partera dentro de la vagina de María, se queda carbonizada. Entonces Salomé implora que la perdonen por haber sido tan escéptica. De inmediato, se le aparece un ángel que le revela las cualidades curativas del bebé que acaba de nacer y entonces la comadrona lo toca y ¡oh maravilla!, queda totalmente curada.

El apócrifo Libro de la Infancia del Salvador agrega que al nacer el chico, la cueva se llenó de resplandores brillantes y perfumes exóticos. El apócrifo Evangelio Árabe de la Infancia añade que una de las parteras se convirtió en nodriza para toda la vida de Jesús por haber sido curada de parálisis al estar en contacto con el bebé. En el Pseudo Mateo un Mensajero en persona atiende a María en su parto. Todas estas historias son demasiado extraordinarias, pareciéndose tanto a los cuentos árabes como para creer que son verdad.

Nacimiento con efectos especiales

Sin embargo, lo que sucedió en realidad debió haber estado envuelto en una atmósfera de realismo mágico: imagínense unas parteras palpando a María antes de parir y descubriendo que era virgen. Lo que calza con una supuesta profecía hecha por Isaías (7:14). Luego estas mujeres presencian el alumbramiento justo cuando la constelación de Piscis alcanzaba su plenitud a los 30 grados sobre el horizonte, mostrándose así la conjunción mesiánica en todo su esplendor. A los testigos judíos debió parecerles demasiada coincidencia.

Por consiguiente, ese incidente fue idealizado en los apócrifos. También debemos recordar que todo ello ocurría muy cerca o dentro del territorio de Belén, encajando a la perfección con la profecía de Miqueas. De esta forma, las comadronas debieron creer que ese niño, nacido “con tan buena estrella”, era el Mesías que todo su pueblo estaba esperando. El tiempo y dos mil años de historia les darían la razón por esa intuición.

En el Pseudo Mateo se añade un versículo que vale la pena de ser reproducido por completo:

“Pero además, había una enorme estrella que expandía sus rayos sobre la gruta desde la mañana hasta la tarde, sin que nunca jamás, desde el origen del mundo se hubiera visto un astro de magnitud semejante. Los profetas que había en Jerusalén decían que esta estrella era la señal de que había nacido el Mesías, que debía dar cumplimiento a la promesa hecha no sólo a Israel, sino a todos los pueblos”.

Este versículo es muy esclarecedor, sobre todo para aquellos que piensan en los ovnis como una respuesta fácil para todo.

Virgen o no, ¡qué importa!

Suponiendo que la virginidad de María no sea un invento, ella no permaneció virgen por mucho tiempo, pues Mateo 1:25 dice:

“Y él (José) no la conoció hasta que dio a luz a su primogénito, y le puso por nombre Jesús”.

En esa época, “conocer” era un eufemismo para referirse a las relaciones sexuales. Por lo tanto, María sí tuvo sexo con José. Los votos de castidad se disolvieron con el matrimonio.

Durante siglos, la Iglesia ha manipulado el concepto de la “virginidad de María”. Lo ha inflado como un enorme globo aerostático y encima le ha añadido fuegos artificiales para su propia conveniencia. De esa forma, ha identificado la sexualidad con el pecado. Y como fue Eva la culpable de caer por el sexo se debe ejercer control sobre el cuerpo femenino. En realidad, si María fue virgen o no, es insustancial para efectos de la principal enseñanza de Jesús: la hermandad humana.

De otro lado, especialistas bíblicos aseguran que el versículo de Isaías 7:14, que es la base de la famosa virginidad mariana, está mal traducido, pues aseguran que en verdad figura la palabra almah en la Biblia hebrea, que quiere decir simplemente “joven en edad de casarse” y no betulah que sí significa “virgen”. Claro que si bien normalmente las jóvenes en edad de casarse eran vírgenes en esos tiempos, la Biblia hebrea no hace énfasis en la virginidad. Sea como fuere, María dio a luz un hijo, pero ¿en qué época vino el niño a este mundo?

miércoles, 23 de diciembre de 2009

La estrella de Belén no era un ovni



Se adelanta el parto


José y María iban camino a Belén acompañados de uno (sólo Simeón, según el Evangelio sobre la Infancia del Salvador) o dos hijos mayores de José cuando sobreviene el imprevisto. El viaje era largo y pesado, tenían que atravesar toda Judea de norte a sur, por tanto es muy factible que fuera realizado en escalas. Probablemente las últimas conexiones fueron hechas de Jerusalén a Betania y de allí a Belén. Dada la condición avanzada de María, la travesía adelantó su parto. Mas aún si consideramos que al pasar por Jerusalén debió ser prácticamente imposible encontrar hospedaje. La capital debió estar atiborrada de gente. Esto obligó a la Sagrada Familia a proseguir su viaje sin hacer la parada necesaria en esa parte del camino, lo que ayudó a provocar las contracciones en la joven María cuando aún no llegaban a Belén. El Protoevangelio cuenta:

“Al llegar a la mitad del camino, dijo María a José: “Bájame porque el fruto de mis entrañas pugna por venir a la luz”. Y José le ayudó a apearse del asna, diciéndole: “¿Dónde podría yo llevarte para resguardar tu pudor? Porque estamos al descampado”


Entonces, José preocupado buscó una cueva para resguardar a su mujer, ya que la mayoría de ellas servían de albergues a los pastores y sus bestias. Incluso numerosas cavernas se alquilaban a los transeúntes. Dejándola al cuidado de sus hijos, José continuó su camino a Belén intentando conseguir una partera cuanto antes.

Belén, lugar de profecías

Hablemos un poco de las cuevas. En Medio oriente una cueva es una posesión valiosa y la mayoría de ellas tienen dueño. Son frescas en verano y cálidas en invierno. Además de ser usada como refugios, eran utilizadas como mausoleos familiares.

El hecho de que todas estas cosas estuvieran ocurriendo en Belén o muy cerca es crucial para el asunto mesiánico. Belén es una aldea situada a ocho kilómetros al sur de Jerusalén. Era la ciudad donde el rey David había nacido y, según el profeta Miqueas (5:2), es el lugar donde el Mesías también vendría al mundo. A esto se debe que tanto los evangelios canónicos como los apócrifos resalten tanto la localización del parto mariano. Belén era el lugar donde debía nacer el Mesías.

La cueva que encontró José en Belén o camino a Belén, debió pertenecer a algunos pastores o a algún potentado para quienes trabajaban dichos pastores, a quienes José seguramente rentó la caverna. Esto explicaría porqué un grupo de pastores fueron los primeros en enterarse del parto. ¿Cómo identificaron al niño? ¿Cómo supieron ellos que ese parto era sumamente especial, por no decir sagrado?

En el Pseudo Mateo se añade que fue un ángel el que buscó una cueva para María. Es difícil saber si tal encuentro se produjo en verdad, pero de hecho los Mensajeros y los propios Elohim debieron estar muy atentos y muy cerca de lo que allí estaba sucediendo. Después de todo, de las muchas o pocas opciones mesiánicas fue la que funcionó.

Es sintomático que en la navidad del 2007, el papa Benedicto XVI colocará un nacimiento ambientado en Nazareth y no en Belén, basado en una discutible lectura de Mateo. Además, ha hecho desaparecer a los pastores, al buey y a la mula del nacimiento de la plaza romana, puesto que ya no va a ver establo, invento de los evangelios apócrifos. Con esta interpretación caprichosa, Jesús estaría ligado a Nazareth porque nació allí y no porque tenía contactos con los nazarenos. Manipulaciones y más manipulaciones.

No a la ovnilatría

Lo que continúa en la historia de Jesús es muy sugestivo: el Protoevangelio cuenta que mientras José buscaba angustiado a una partera, el mundo estaba como quieto, inmóvil y, lo más curioso es que se sostiene:

“…que todos tenían sus rostros mirando hacia arriba”.

La mayoría de los ufólogos han querido ver en éste y otros párrafos, argumentos para asegurar que en ese momento se desplazaban platillos voladores por el cielo de Judea. Pero lo único que estaba pasando en realidad y que para los judíos era sumamente relevante, es que empezaba el atardecer, así que comenzaba a hacerse visible en el horizonte la conjunción de Saturno y Júpiter. Y claro, todos se preguntaban en ese instante si no estaría naciendo el Mesías en alguna parte de Judea. Y sí, estaba naciendo y lo hacía, irónicamente, por medio de un parto prematuro.

Otra alusión a supuestos platillos voladores es más adelante, cuando aparecen los reyes magos en la historia del niño Jesús, en Mateo 2:9:

“…la estrella iba delante de los reyes magos hasta que llegando se detuvo donde estaba el niño”.

Pero en realidad el hecho que la estrella se esté moviendo, no se está refiriendo necesariamente a un ovni, sino más bien a un cuerpo celeste. ¿Acaso cuando uno mira fijamente una estrella en el cielo, no da la sensación de que estuviera “persiguiendo” al observador? Y cuando uno se para, el astro también pareciera que lo hiciera. La estrella de Belén no era pues un ovni, sino, muy bien pudo haber sido la conjunción de dos colosos: Júpiter y Saturno, que juntos se ven como una sola gran luminaria. Según el Principio de la Navaja de Ockham que postula que la solución más simple suele ser la correcta, porque pensar en algo tan complejo como los ovnis, y no en algo más sencillo como un fenómeno que se estaba dando en el firmamento en ese preciso instante, cosa que siempre sucede cíclicamente. Recordemos que los nacimientos de Krishna, Osiris y Buda también fueron anunciados por una “estrella”.

martes, 22 de diciembre de 2009

El tormentoso embarazo de María




De los cuatro evangelistas sólo dos tratan sobre el nacimiento de Jesús: Lucas y Mateo. Lo que se cuenta en Mateo es similar a los apócrifos. José va a la casa de los padres de María y la encuentra encinta, antes de celebrar la ceremonia matrimonial definitiva. Al viejo casi le da un infarto de la impresión. Su primera reacción fue querer cortar por lo sano, divorciándose (es decir, anulando el compromiso). Sin embargo, esa noche tiene supuestamente un sueño en donde se le revela que ese embarazo es voluntad de Dios. Por esta razón al despertar José decide llevarse consigo a María a su casa de Belén, legalizando así el matrimonio. No obstante, el real motivo para casarse con ella, pese al embarazo, parece haber sido que simplemente sintió pena por la muchacha viéndola tan desvalida y desamparada.

Luego de efectuado el casamiento, a José y María les aguardaba días muy difíciles. Según cuenta el Protoevangelio, José mantuvo escondida a María todo lo que pudo y hasta él mismo dejó de salir para evitar preguntas maliciosas. Pero algo iba a ocurrir que cambiaría el giro de las circunstancias. Siendo José miembro del Sanedrín (tribunal supremo judío), al que sólo pertenecían los judíos más prominentes (no simples carpinteros), cometió el error de faltar a una de las reuniones. Por tal razón fue a visitarlo nada menos que Anás, quien en ese entonces era saduceo y escriba de gran influencia, y muy pronto llegaría a ocupar el puesto de sumo sacerdote. Ser escriba era una mezcla de notario público y escritos de textos sagrados (o sea, importantes).

José y María van presos

Anás acude donde José para reprocharle su ausencia en la asamblea del Sanedrín. José se disculpa diciendo que recién acababa de llegar de viaje. La excusa satisfizo a Anás y ya se estaba retirando cuando de pronto se topa con María y descubre su embarazo. Intrigante ya desde su juventud y seguramente sospechando la conexión de José y María con la sectas enemigas esenias, Anás habría encontrado en este incidente una excelente oportunidad de librarse de un opositor. Entonces corrió a comunicárselo al sumo sacerdote de entonces, exigiendo que envíen comisionados para comprobar el delito. Al ser constatado, toman presos a los esposos y los llevan al Sanedrín para juzgarlos en Jerusalén.

Juzgados como delincuentes

En el Protoevangelio José es llevado solo ante el sumo sacerdote, pero al negar las acusaciones de violación, trajeron a María para atestiguar. Entonces el Sanedrín decide realizarles la prueba del agua para observar si eran inocentes. Según la tradición judía, se les hacía beber “el agua amarga de la prueba” en un vaso de barro. Si la persona era culpable, “se pondría de manifiesto todos sus pecados”.

Primero le hacen beber a José y lo envían a la montaña, como parte del ritual. Conociendo la psicología con que se hacían este tipo de “pruebas” en la antigüedad, el único objetivo era demostrar la culpabilidad de los acusados, dándoles algún tipo de veneno. Pero si es cierto que José fue enviado a la sierra, muy bien pudo recurrir a los terapeutas de Qumrán para que le dieran un antídoto, ya que volvió donde los sacerdotes sano y salvo. Todos se quedaron petrificados del asombro pues esperaban ver a un José agonizante. La misma prueba le hicieron a María y el resultado fue idéntico. Incapaz de acusarlos, el sumo sacerdote no tuvo más remedio que dejarlos ir diciendo:

“Puesto que el Señor no ha declarado vuestro pecado, tampoco yo voy a condenaros”

En realidad debió ocurrir un enorme escándalo. Si hubiera existido periódicos en la Jerusalén de esa época, la noticia habría salido en primera plana. Es raro que los evangelios canónicos lo omitan, pues era un delito muy serio el embarazo de una jovencita antes del matrimonio y peor aún, si ella había hecho voto de castidad. En cambio, los apócrifos sí hicieron eco de un suceso que históricamente debió existir. Si es que fue verdad que María quedó preñada antes de su casamiento y no haya sido sólo producto del sincretismo de las leyendas indo-europeas con las hebreas.

Huyendo del escándalo

Después del incidente del juicio, todos los apócrifos coinciden con el Evangelio de Lucas en citar el famoso censo de César Augusto. Dice textualmente la Biblia:

“En aquellos días salió el decreto de César Augusto de que se inscribiera toda la tierra habitada. Esta primera inscripción se efectuó cuando Quirino era el gobernador de Siria, y todos se pusieron a viajar para inscribirse, cada uno a su propia ciudad” (Lucas 2:1-3)

Lucas asegura que en esa época, María y José estaban habitando en Galilea, probablemente en casa de los padres de ella. ¿Acaso huyendo lo más lejos posible del escándalo, esperando que se olvidara el juicio de marras? Belén estaba demasiado cerca de Jerusalén. En cambio Galilea se hallaba bastante lejos, al norte, prácticamente en el otro extremo del país, resultando un excelente refugio para acallar las malas lenguas. Pero Lucas añade un dato más: la pareja no sólo estaba en Galilea sino que además estaba habitando en el propio Nazareth, en las tierras de pastoreo del padre de María y sede de la vertiente esenia de los nazarenos, con los que al parecer convivieron. Era el lugar perfecto para alejarse del mundanal ruido y desarrollar saludablemente el embarazo de María. Sin embargo, no sería la última vez que la Sagrada Familia tendría que buscar refugio de las lenguas viperinas de la gente. Esto era sólo el comienzo de una larga cadena de escaramuzas.

Debió ser muy duro para María, una niña rica acostumbrada a todas las comodidades y para José, con sus achaques de viejo, adecuarse a la vida de privaciones que debió ser al convivir con los monjes nazarenos, quienes se ganaban modestamente la vida pastoreando los ganados de Joaquín, demasiado conocido en Galilea para poder recibir en su casa a su “impúdica” hija en las presentes circunstancias tan comprometedoras, sin causar un nuevo escándalo. Había que esperar que la marea bajase, mientras tanto estar con los nazarenos era un buen refugio. Tranquilo y seguro.

¿Existió el censo de César Augusto?

La historia no registra este censo. Es muy insólito que tanto el Evangelio de Lucas como en los apócrifos Pseudo Mateo y Protoevangelio se hable de este evento cuando iba a nacer Jesús. Si bien si existió un censo cuando Quirinio era gobernador de Siria y Coponio era primer procurador de Judea, fue local (no en el ámbito de todo el imperio que es como se alude en Lucas), y se realizó en el año 6 de nuestra era, fecha que para nada coincide con el nacimiento de Jesús, como veremos más adelante.

Todo indica que tanto Lucas como los apócrifos antes citados tomaron el dato de una misma fuente, que estaba errada en varios años. Sólo el apócrifo de La Natividad de María difiere, al decirnos que José y María simplemente viajaron a Belén sin explicarnos la causa. Si es que no hubo censo, ¿qué motivó el desplazamiento de la pareja a Belén? Tratemos de reconstruir los hechos.

No fue un censo sino una fiesta

Si bien José era nativo de Belén, según cuentan los escritos apócrifos y canónicos, se desplazaba bastante de un lado a otro del país para realizar sus trabajos. Sin embargo, él radicaba en Belén, que es donde moraba con sus hijos. ¿Qué acontecimiento impulsó a José a desplazarse de Galilea a Belén, estando tan avanzado el embarazo de su mujer y que al mismo tiempo movilizara en masa a toda la gente de Judea, como se nos dice que ocurrió? Posiblemente dos cosas: primero que a María todavía le faltaba para completar su embarazo y por eso no había problema de viajar y segundo que estuvieran en la víspera de una celebración familiar semejante a la navidad de los cristianos, donde todos los parientes cercanos se visitan unos a otros. Esto explicaría porqué, aunque no hubiera censo, los lugares de alojamiento que había en el camino estaban repletos.

¿Qué fiesta pudo ser? La conjunción de Saturno y Júpiter en la constelación de Piscis se dio en el año 7 a.C. tres veces: en mayo, en octubre y en diciembre. En la primera fecha nació Juan Bautista. La segunda vez se produjo exactamente el 3 de octubre, cuando en Judea se estaba celebrando una de las fiestas más importantes de la tradición judía: el famoso Yohmkipur o “Día de la Expiación”. Sólo una vez al año entraba el sumo sacerdote en el Santísimo del Tabernáculo y lo hacía durante esta celebración. Así de trascendente y sagrada era, pues es el momento de la reconciliación entre la divinidad y los hombres según las creencias judaicas. Durante esta festividad que coincidió con la segunda conjunción de Saturno y Júpiter en Piscis, habría venido al mundo, en un parto prematuro, Jesús de Nazareth.

lunes, 21 de diciembre de 2009

La terapia secreta de María


Según Lucas, después de la anunciación, María acude a las montañas a visitar a su parienta Elizabeth. Ella no necesitó que María le contara nada sobre su anunciación sino que se comportó como si ya lo supiera o como si estuviera formando parte, bastante concientemente, de un proyecto mesiánico donde los embarazos insólitos debían ocurrirles a ciertas mujeres previamente seleccionadas para tal fin.

También narra Lucas en 1:41-42 que Elizabeth reconoce al bebé de María como superior al suyo, pero es muy posible que esto sea un inserto cristiano posterior colocado para resaltar la figura de Jesús por encima de la de Juan Bautista. Es más, hay razones para pensar que María olvidó o no tomó en serio lo que el Mensajero le dijo con respecto a su futuro hijo. Quizá nunca lo creyó o nunca lo oyó verdaderamente de boca de Gabriel. Esto lo vemos claramente en el Protoevangelio, que dice textualmente:

“Pero María se había olvidado de los misterios que le había comunicado el arcángel Gabriel”

Así, tal vez por su gran humildad o inexperiencia, la propia María llegó a pensar que Juan Bautista era el Mesías esperado por todos los judíos y no su hijo Jesús. Sin embargo, el azar hace jugarretas muchas veces. ¿Acaso los que manipulan el destino tenían una carta bajo la manga, a favor de Jesús?


¿Hubo realmente anunciación?


Cuenta la Natividad de María que a medida de que José empieza a darse cuenta de lo que le ocurría a María, “cayó presa de la agitación y zozobra, no sabiendo qué partido tomar”. Los otros apócrifos son aún más dramáticos. Agregan que José lloraba amargamente y se lamentaba como sólo los semitas saben hacerlo. En el Protoevangelio, José cree que María ha sido víctima de una violación o de su propia lujuria y la increpa duramente, pero lo que le contesta la joven María da qué pensar. De ser ello verdad, la anunciación jamás se habría producido. Textualmente dice:

“¡Por mi vida del Señor, mi Dios, que no sé de donde ha venido esto!”

¿Mintió María?

En el Pseudo Mateo las doncellas que cuidaban a María abogaban por ella asegurándole a José que “ningún varón la ha tocado” mientras ellas la vigilaban. Sin embargo, confiesan que un “ángel la visita diariamente” para continuar alimentándola con un raro preparado. Lo que responde José es muy ilustrativo:

“¿Por qué os empeñáis en hacerme creer que ha sido precisamente un ángel quien la ha hecho grávida? ¡Puede muy bien haber sucedido que alguien se haya fingido ángel y la haya engañado!”

Así que, más sabiendo el diablo por viejo que por diablo, José no creyó ni en las palabras de su mujer ni en las de sus doncellas. Y no era para menos. Aceptar que Elizabeth quedara encinta después de muchos años de matrimonio era más fácil que creer que una virgen quedara preñada sin intervención de hombre alguno. Sin embargo, si las historias son ciertas, tanto Elizabeth, como Ana y como María, quedaron embarazadas cuando los esposos estaban ausentes. Entonces no se trataría de una simple “cura de esterilidad” sino de algo más complejo. ¿Qué podría ser?

Hipótesis: Partenogénesis

En la selva del Amazonas de Sudamérica, las lugareñas tienen muchísimo cuidado de no bañarse en ciertas lagunas, pues algunas de ellas tienen fama de embarazar sin intervención de un hombre. Los investigadores especulan al respecto. Afirman que la combinación de plantas circundantes, trituradas y mezcladas en el agua empozada de estas lagunas podría producir alguna sustancia hormonal que desatara un mecanismo primitivo de reproducción, aún vigente en algunas especies, llamado “partenogénesis”, que es el nombre científico que recibe la reproducción de las especies sin el concurso de los sexos. Se sabe que esta forma de reproducirse se desencadena debido a factores como la alimentación, la temperatura y la luz.

Cabe añadir, que en noviembre del año 2006 se han empezado a realizar experimentos de partenogénesis en los laboratorios para obtener células madre sin formar embriones. Los científicos argentinos Ester Polar y José Cibelli activaron por primera vez óvulos humanos sin requerir espermatozoides. El óvulo lo han podido segmentar sin que haya sido fecundado. Tal hecho ocurre por factores ambientales, químicos, descargas eléctricas, etc. En algunos casos, han requerido del contacto o la fusión con un gameto masculino, pero no se ha completado el proceso de la fecundación. Por tanto, la célula masculina no ha contribuido con sus genes. Lo interesante de este dato es que ya actualmente se está comenzando a experimentar con la partenogénesis. ¿Qué vendrá después?

La terapia secreta

¿Conocieron los esenios la partenogénesis? ¿Supieron controlarla en secreto? ¿Lo aprendieron de los Mensajeros? Por ahora es difícil asegurarlo, pero no podemos olvidar que la infancia y juventud de María estuvo plagada de tratamientos extraños y alimentaciones peculiares elaboradas por los propios ángeles y que quizá también recibieron Ana y Elizabeth.

Además, debemos recordar que los esenios practicaban baños rituales en bañeras especialmente construidas para ese propósito, costumbre que muy raramente ejercían los judíos comunes. ¿Acaso Ana, Elizabeth y María recibieron baños especialmente preparados para producir sus insólitas concepciones? Sólo el tiempo y mayores investigaciones podrán develar este fascinante misterio. El asunto es que aún en la partenogénesis es necesario un donante de esperma, un padre biológico. Aunque no se produzca el acto sexual. Porque de lo contrario, estaríamos frente a una clonación y las criaturas nacidas serían necesariamente hembras como su madre. ¿Quién o quiénes fueron los padres de estos niños tan peculiares? ¿Dios? ¿Los ángeles? ¿Los Elohim? ¿Los Mensajeros? ¿Los esenios? Por ahora saberlo es prácticamente imposible, pero aún hay gente que recuerda aquel rumor que cundió a fines del siglo XIX en el que Jesús era hijo de un soldado romano o griego, quien habría engañado, violado o simplemente enamorado a María.

¿Era el padre de Jesús un soldado?

Este chisme se corrió a raíz de un libro que escribió Houston Stewart Chamberlain titulado “Los fundamentos del siglo XIX”, donde se cita los nombres con que se conocía a Jesús en el Talmud. Estos son: Yoshua ben Pandera, Yoshua ben Pantera y Yoshua ben-ha Pantera. Si bien las palabras Yoshua ben son totalmente judías y significan “Salvador hijo de…”, Pandera y Pantera no son términos hebreos, por tanto no tienen ningún significado en ese idioma. Ello hizo que los judíos pensaran que se trataba del nombre de algún extranjero. Hubo quienes llegaron a asegurar que era un guerrero ario.

En realidad, es más probable que Pandera o Pantera sean la deformación de la palabra griega Parthenos que quiere decir “virgen”. De modo que Yoshua ben Parthenos significaría en lenguas mezcladas (hebreo y griego) “Jesús hijo de la virgen”, que era la forma como quizá los judíos griegos parlantes se referían a él. Algo parecido encontramos en el Corán. Allí a Jesús se le recuerda como Isa Ibn Maryam (Jesús hijo de María). Lo que era poco común pues a nadie se le nombraba por el nombre materno a menos que se desconociera al padre, que ese fue el caso de Jesús.

viernes, 18 de diciembre de 2009

María era una jovencita y José un anciano




De niña a mujer


Pasaron nueve años para el Protoevangelio y once para el Pseudo Mateo, cuando los sacerdotes empezaron a preocuparse por María. En cualquier momento le llegaría la regla y eso no debía suceder dentro del templo. Por consiguiente comenzaron a pensar seriamente en casarla como se hacía con todas las niñas que en ese lugar se educaban. Hubo una reunión para tratar el tema. No llegando a un acuerdo entre ellos, el sumo sacerdote se pone a rezar preocupado. El Protoevangelio nos dice que entonces un ángel se le aparece a María durante sus plegarias y le aconseja que busque un esposo pidiendo que los viudos del pueblo trajeran unas varas. De la vara del mejor candidato surgiría una señal que haría que todos se den cuenta de que él era el indicado.

Esta escena se parece mucho a una antigua profecía hecha por Isaías, en donde se dice que el Mesías provendría de un “rebrote de la vara de Jese”, padre del rey David. Sin embargo, es muy probable que el episodio de las varas no fuera para nada un hecho histórico real sino un añadido puesto por el autor para subrayar que ya empezaban a producirse señales del advenimiento del Mesías por medio de su futura madre, María.

Una jovencita y un anciano

¿Por qué elegir entre los viudos el esposo de María? Por la sencilla razón que ella había hecho votos de castidad. Por lo tanto, su matrimonio sería una mera apariencia. Si su compañero fuera un hombre bastante mayor podría asumir ese matrimonio como padre protector más que como un esposo. Así, María tenía alrededor de 14 años cuando se casó con un José de 80 y tantos años.

Para varios Padres de la Iglesia, como Hilario, Epifanio y Gregorio Niseno, José ya era un viudo cuando conoció a María. Epifanio aseguraba que José tenía 84 años al volver de Egipto con su familia y que vivió después ello, ocho años más, muriendo a los 92 años. Sin embargo, el apócrifo Historia de José el Carpintero sostiene que en el momento del matrimonio, José tenía ya 90 años y que murió a los 111.

Lo avanzado de la edad parece una exageración, simplemente para referir que fue una persona longeva. Historia de José añade que él era oriundo de Belén, que se dedicaba a la carpintería y que en su primer matrimonio, José tuvo cuatro hijos varones (Judas, Josetos o José, Simón y Santiago) y dos “hembras” (Lisia y Lidia).

Los hermanos de Jesús

Curiosamente, el dato de los hermanos de Jesús se encuentra corroborado en la mismísima Biblia en Mateo 13:55-56 donde, aludiendo a Jesús, leemos con toda claridad:

“¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María y los hermanos de él, Santiago y José y Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿no están todas con nosotros? ¿Dónde entonces, consiguió este hombre todas estas cosas?”

También se indica la existencia de los hermanos de Jesús en 1 Corintios 9:5, Juan 2:12, Hechos 1:14 y en Galatas 1:19. Los detractores de que el Nazareno tuviera hermanos afirman que la palabra “hermanos” se refiere a hermanos de hermandad religiosa. Pero viendo el contexto de la frase, fácilmente deducimos que se refiere a lazos familiares. Otros, aún más tirados de los pelos aducen que significa “primos hermanos”, pero aquí la palabra griega que se emplea se refiere a hermanos de sangre específicamente. Los protestantes no se hacen problemas y aceptan que Jesús tuviera hermanos. Mirando la historia vemos que Flavio Josefo habla de Santiago como hermano de Jesús.

El historiador Eusebio de Cesárea hace referencia a un primo y a un sobrino de Jesús. Igualmente, orígenes menciona que el apócrifo Evangelio de Pedro decía que José había tenido hijos de su primer matrimonio. En general, todos los apócrifos de la natividad afirman sin rodeos lo mismo. ¿Por qué ocultar que Jesús pertenecía a una familia numerosa y que poseía seis medios hermanos por parte de padre? Quizá porque la consigna era cortar sus raíces familiares lo más posible, para convertirlo en un dios sin afectos humanos.

José rehúsa volver a casarse

Según el Pseudo Mateo, cuando el sumo pontífice fue a recoger las varas para examinarlas en el Santo Santorum del templo (el altar), allí se le aparece un Mensajero quien le asegura que la paloma brotaría de la vara más pequeña, que pertenecía a José. Siendo José muy viejo y no queriendo hacerse cargo de la doncella, no había reclamado su vara. Sin embargo, el sumo sacerdote lo obliga a realizarlo produciéndose, oh maravilla, el milagro.

Si esto hubiera ocurrido en verdad, no sería nada extraño que todo hubiera sido un truco tramado por los sacerdotes para casar a María con uno de los miembros más respetables y, a la vez, más ancianos de la comunidad. No podemos olvidar que hacer trucos de prestidigitación era antes un arte obligado de aprender por los sacerdotes de todas las religiones antiguas. Casándola con José, los sacerdotes se sentirían seguros de que el voto de castidad sería respetado. Bueno, al menos en teoría.

El Protoevangelio prosigue contándonos que el sumo pontífice pone a María bajo la custodia de José, a quien la elección no le hace ninguna gracia. Antes bien refunfuña diciendo:

“Tengo hijos y soy viejo, mientras que ella es una niña, no quisiera ser objeto de risa por parte de los hijos de Israel”


Sin embargo, el sumo sacerdote hace caso omiso de la queja de José y prácticamente lo obliga con amenazas de castigo divino a aceptar a María.

Luego de los esponsales (acto por el cual el novio “compraba” a la novia antes de la boda por una cantidad de dinero o bienes que en este caso debió recibir el templo), José toma sin más remedio a María y la lleva a su casa. Una vez ahí la deja bien resguardada con sus doncellas y se marcha a continuar sus labores.