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sábado, 18 de septiembre de 2010

Jesús, ¿hombre o dios? 9


El infierno no es eterno

El concepto de infierno como castigo eterno, no se hallaba en las prédicas de Jesús. Para él, el castigo era temporal. Finalizaba después de haber purgado las culpas:

“...De seguro no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último lepton (centavo)” (Lucas 12:59).

Jesús creía en la infinita misericordia divina, que siempre da una oportunidad a los que desean reivindicarse. Infierno significa submundo. En el Antiguo Testamento, el infierno también es finito y posee dos nombres: Gehena que es un lugar de intenso sufrimiento para los ángeles caídos localizado en el centro incandescente de la Tierra. Y Sheol (el seno de Abraham) que es un estado de sueño e inconciencia, donde irían todos los muertos comunes en espera del Juicio Final (o resurrección de los muertos). Es una especie de Hades griego.

¿A dónde iremos cuando nos toque la guadaña? Quien sabe. Quizá simplemente vayamos un tiempo al mundo de nuestros pensamientos (como cuando soñamos), para reciclarnos y después volver acá.

jueves, 27 de mayo de 2010

El arte y los apócrifos 5




La pintura se llama. "Cristo desciende a los infiernos". La hizo el pintor Jaime Serra en el siglo XII. Actualmente se halla en el Museo de Zaragoza, España.

Se observa a Jesús, después de su Anastasis (resurrección en griego) bajando a los infiernos a rescatar almas, tal como lo describen los escritos apócrifos de la pasión.

Ojo, hay varias versiones de Jesús en el averno... voy a ver si las pongo todas...

lunes, 19 de abril de 2010

¿Existe el infierno?




El concepto de infierno como castigo eterno, no se hallaba en las prédicas de Jesús. Para él, el castigo era temporal. Finalizaba después de haber purgado las culpas:

“...De seguro no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último lepton (centavo)” (Lucas 12:59).

Jesús creía en la infinita misericordia divina, que siempre da una oportunidad a los que desean reivindicarse. Infierno significa submundo. En el Antiguo Testamento, el infierno también es finito y posee dos nombres: Gehena que es un lugar de intenso sufrimiento para los ángeles caídos localizado en el centro incandescente de la Tierra. Y Sheol (el seno de Abraham) que es un estado de sueño e inconciencia, donde irían todos los muertos comunes en espera del Juicio Final (o resurrección de los muertos). Es una especie de Hades griego.

¿A dónde iremos cuando nos toque la guadaña? Quien sabe. Quizá simplemente vayamos un tiempo al mundo de nuestros pensamientos, para reciclarnos y después volver acá. ¿O no?

domingo, 8 de noviembre de 2009

¿Son invenciones los milagros?




Se ha dicho también que los apócrifos son fantasiosos, sin embargo, ¿no suena a fábula que una mujer siga siendo virgen después de un parto? ¿Qué diantres estaba pensando el escritor cuando escribió eso? Pero perdón, es un dogma de fe, hay que creerlo ciegamente. ¿Me iré al infierno por haber preguntado? Citemos más fantasías que a fuerza de la costumbre ya no las vemos tan alucinadas:

• Caminar sobre las aguas
• Convertir el agua en vino
• Transformarse en un ser luminoso
• Curar ciegos untando en sus ojos lodo con saliva
• Multiplicar panes y peces, alimentando a cuatro mil personas
• Tirar espíritus malignos a los cerdos
• Sanar enfermos incurables
• Resucitar muertos y más aún, resucitarse a sí mismo
• Ascender a los cielos

Intérpretes, no biógrafos

Se ha dicho que los apócrifos son exagerados y delirantes. Y sí, lo son. El narrador engrandecía ciertos hechos para así otorgarles la debida importancia que para él poseía. No olvidemos que los apócrifos, al igual que los canónicos eran en el fondo instrumentos de propaganda de sectas para difundir su sistema de creencias.

Por consiguiente, hay que agarrar con pinzas las escrituras canónicas y apócrifas. No se debe tomarlas al pie de la letra. Hay que saber interpretarlas y pensar como lo hacían en el tiempo en que fueron escritas. Por ejemplo, cuando se habla de “demonios” que Jesús sacaba del cuerpo, ¿no estaría refiriéndose a enfermedades o prejuicios sociales? Innumerable información de la Biblia está escrita en clave metafórica. Pero, con un poco de paciencia es posible penetrar en el denso bosque del simbolismo bíblico y encontrar el sustrato histórico.

¿Palabra de Dios o palabras humanas?


En los apócrifos y canónicos se entretejen dos niveles: el del mito y el de la historia. Es importante saber discernir con criterio cuando se habla de uno y cuando de la otra. Pero para eso primero hay que curarse de la dogmatitis crónica. Detrás del mito de Jesucristo, se halla un hombre extraordinario, pero hombre al fin. “Mito” quiere decir “palabra”. Recién con Herodoto empezó a significar “falsedad”. Los mitos en realidad son una memoria muy antigua, sintetizada en símbolos. Con el paso del tiempo se les ha ido agregando adornos. Pero a pesar de todo el conglomerado de interpretaciones adicionales, suelen guardar en lo profundo el recuerdo de viejísimos hechos auténticos.

La realidad tras la leyenda

Veamos un caso que se ha confirmado arqueológicamente: El escritor de Hechos (19:27) se refiere al templo de Artemisa en Efeso (Asia Menor), y efectivamente fue descubierto en 180310. Un ejemplo extrabíblico de que el mito alberga una semilla de verdad, lo constituye el explorador alemán Heinrich Schliemann que descubrió Troya en el siglo XIX solamente sabiendo interpretar la Iliada. En numerosas ocasiones, la tradición se reviste de leyenda para ocultarse del poder y sólo hay que saber leer entre líneas para hallar la verdad. Por algo la palabra “inteligencia” significa justamente “leer entre líneas”.

La edad de los apócrifos

Se ha dicho que los apócrifos son posteriores a los canónicos. Falso, tienen diferentes datas. No se pueden poner todos en el mismo costal. Algunos de los apócrifos son tardíos, si es verdad, pues corresponden al siglo VI, habiendo copias de hasta el siglo XIII en lenguas vernáculas. Sin embargo, otros circulaban ya en el siglo II (como los de Nag Hammadi) y por ello hoy tienen todo el derecho a ser estudiados en el mismo nivel que los canónicos y ser incluidos en la Biblia como testimonio de la vida de Jesús. Incluso algunos expertos hablan de apócrifos neotestamentarios del siglo I como el Evangelio de Tomás.