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jueves, 16 de septiembre de 2010

Jesús, ¿hombre o dios? 2


Conversando con el jefe


Siempre se ha pensado que quien creó a los seres humanos, fue el mismo que creó al cosmos. Craso error. Nosotros hemos sido fabricados por un dios menor. El mismo Jesús lo decía, pero no le entendían. Él insistía que

“conocía al Padre, pero que ninguno de los que lo oían lo conocía”.

Más adelante añadía:

“…Es mi Padre quien me glorifica, el que ustedes dicen que es su Dios, y sin embargo ustedes no lo han conocido. Pero yo lo conozco (Juan 8:54).”

¿Qué enigma es éste? ¿A quién conocía Jesús? ¿Era un conocer metafórico o real? ¿Acaso Jesús llegó a entrevistarse no sólo con los Mensajeros (ángeles) sino también con los propios Elohims, igual que Abraham?

El detalle es que Jesús conocía “personalmente” al Dios de los judíos, pero ojo, no lo consideraba el Dios que es la causa impersonal que ha creado las leyes que rigen el cosmos. A quien Jesús conocía y con quien conversó parece ser el dios que creó a la raza humana. Que es diferente al Dios hacedor del universo. Conoció al Elohim más sagrado: al Padre Yah (los griegos lo llamaban Padre Yuh). Según el Libro de Enoc fueron siete Elohim los que nos crearon. Sin embargo, había un octavo que se mantenía distante por ser el que dirigió toda la empresa. Ese parece ser con quien habló Jesús: nada menos que con el Padre de la humanidad. ¡Qué privilegio!

Jesús, ¿hombre o dios? 1




“Jesús dijo: no soy tu amo. Como has bebido, te has embriagado del burbujeante arroyo que yo he servido... quien beba de mi boca se volverá igual a mí: yo mismo seré él y lo oculto será revelado”.
-Evangelio de Tomás-


Muy a la usanza de Krishna en el Bhagavad Ghita, la célebre frase que ha llevado a millones de personas a endiosar a Jesús es el versículo de Juan 10:30:

“Yo y el Padre somos uno”.

Pero, en realidad ha sido mal comprendido. Jesús no estaba diciendo que él fuera Dios, sino que se identificaba en todo con el Padre, que es muy diferente.

Para entenderlo mejor, ilustremos con un pasaje de la Biblia canónica: cierta vez, María Salomé, la hermana de la virgen María, le pide por favor a Jesús que ponga a sus hijos en lugares especiales en el Día de su Segunda Venida. Entonces Jesús responde:

“.....Ustedes no saben lo que piden. ¿Pueden beber la copa que estoy a punto de beber? (Mateo 20:22)”

La copa era para los hebreos símbolo del destino, porque tal como lo hacía José en Egipto, la suerte se leía en las copas, como nosotros lo hacemos ahora en las bolas de cristal y otros medios.

Así Jesús estaba preguntando si sus primos eran capaces de asumir el destino terrible (la tortura y la muerte) que él estaba a punto de asumir. Sus primos respondieron a la ligera que sí. Pero Jesús dijo que, aunque sus seguidores tuvieran el mismo cruel destino, él no tenía poder para encumbrar a nadie. Eso lo hacía su Padre. No él. Esto demuestra una vez más que Jesús no se creía Dios, sino que se sabía “parte del Padre”, como es la mano parte de un hombre.

La mano no puede decir “soy hombre”, ni el hombre decir “soy mano”, pero ambos, la mano y el hombre pueden decir “somos una sola cosa”. Igual, como la mano, Jesús se sentía instrumento de su Padre y, como instrumento, sabía que debía someterse pacíficamente a su voluntad. Ese es el sentido de “Yo y el Padre somos uno”. Como una gota de agua dentro del inmenso mar.